Científicos de la UNAM descubren un calendario solar en el desierto de Sonora
Además, han identificado 74 sitios arqueológicos inéditos,
evidencia de ocupación humana
Héctor Román / El Sol de Zacatecas - 30/01/2026
Por su ubicación, posición, grabado y forma
geométrica, una antigua piedra descubierta en el desierto
de Sonora por especialistas de la UNAM podría
representar un calendario solar de horizonte que registra el
desplazamiento del Sol a lo largo de su ciclo anual, lo que ha
despertado interés dentro del ámbito de la arqueología mexicana.
El sitio donde fue localizada es considerado una de las
regiones más enigmáticas del mundo por la abundancia de arte rupestre,
tanto en petrograbados como en pinturas en piedra.
Así lo explicó el director del Instituto de Investigaciones
Antropológicas, César Villalobos Acosta, quien encabeza el
proyecto científico encargado del hallazgo y estudio de la pieza.
El investigador subrayó que las culturas del
desierto poseen la misma relevancia histórica que aquellas del centro
y sur del país, ya que todas las sociedades se adaptaron a su entorno natural y
simbólico. Una de sus manifestaciones culturales más complejas quedó plasmada
precisamente en la piedra grabada, mediante figuras geométricas y
símbolos cuya interpretación continúa en análisis.
En esta región habitó la llamada Cultura Trincheras,
cuyo periodo de ocupación se estima entre el año 200 y el 1450 de nuestra era.
Además de dejar petroglifos, esta civilización produjo cerámica
púrpura decorada, aunque gran parte de este patrimonio arqueológico podría verse amenazado por
visitas descontroladas que ponen en riesgo su conservación.
Desde hace casi una década, Villalobos Acosta investiga la
presencia de sociedades humanas en el desierto de Sonora, con el
objetivo de documentar procesos de larga duración vinculados al cambio
climático y las fluctuaciones ambientales, factores que
influyeron en la movilidad y adaptación de estas poblaciones antiguas.
En un tramo de 140 kilómetros de la costa sonorense, el
equipo ha identificado 74 sitios arqueológicos inéditos, evidencia
de ocupación humana que abarca desde fragmentos de cerámica, puntas
de proyectil y restos de concha, hasta extensiones de
varios kilómetros con vestigios de asentamientos.
El desierto de Sonora, con una extensión
aproximada de 300 mil kilómetros cuadrados, se extiende más allá
del territorio mexicano hacia Estados Unidos y parte de Baja California. Se
distingue por la concentración de sitios con grabados en piedra, lo
que confirma que fue una zona densamente poblada y culturalmente activa.
Uno de los puntos más relevantes es La Proveedora,
ubicada en Caborca, integrada por tres macizos montañosos que suman
cerca de seis kilómetros lineales. En este lugar se han encontrado petrograbados,
estructuras arquitectónicas de piedra, corrales, viviendas y restos de cerámica
y concha, evidencia de comunidades sedentarias y agrícolas que
cultivaban maíz, frijol y calabaza.
Se estima que en La Proveedora existen alrededor de mil
500 piedras grabadas, con un cálculo total que podría oscilar entre seis
mil y 10 mil grabados rupestres. Las primeras evidencias del sitio podrían
remontarse hasta el 2500 antes de nuestra era, con continuidad de
ocupación hasta el siglo XV.
La roca de basalto identificada como
posible calendario solar se ubica a unos 35 metros de altura
sobre la planicie y mide aproximadamente 1.20 por dos metros. Presenta círculos
grabados en su parte este y un diseño superior que, según comparaciones
arqueológicas, podría simbolizar la división del mundo en estaciones
del año. Este patrón geométrico se repite en al menos ocho ocasiones dentro
del sitio, lo que indica una estructura cultural definida.
De acuerdo con César Villalobos, al observar el horizonte
oriental desde esta piedra es posible apreciar el movimiento del Sol durante
el año, marcando los solsticios de verano e invierno, así como
los equinoccios, lo que sugiere un sistema de medición del tiempo
fundamental para las sociedades agrícolas prehispánicas.
El especialista considera que este elemento no solo cumplía
una función astronómica, sino también ritual y social, ya que pudo servir como referencia
para la organización comunitaria y la comprensión del ciclo de vida en los
pueblos del noroeste de Sonora prehispánico. En los grabados
también aparecen figuras humanas, personajes de posible jerarquía y
representaciones semihumanas con rasgos de animales.
Finalmente, el equipo de investigación anunció que, en colaboración con el Instituto de Geología de la UNAM, realizará análisis de microcomponentes de la piedra para determinar con mayor precisión la antigüedad de los grabados. Los primeros resultados científicos se prevén para mediados de 2026, lo que podría aportar nuevos datos sobre el desarrollo de la arqueología del desierto de Sonora y la comprensión del tiempo en las antiguas civilizaciones del norte de México.

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