quinta-feira, 7 de julho de 2016

Reconstruyen la historia de la ciudad maya de Dzehkabtún


Por Reyna Paz Avendaño

Dzehkabtún fue una ciudad maya, ubicada al norte de Campeche, que fue habitada del 300 al 1100 d.C., y tenía un palacio y templos ceremoniales con mascarones, jeroglíficos y pintura mural; sin embargo, el robo de piedras en la década 80 del siglo pasado y su abandono en los 90, ocasionaron que el sitio fuera sepultado por la selva. Pero desde hace cuatro años, arqueólogos alemanes y mexicanos trabajan en la conservación de los vestigios que aún se mantienen en pie.

“Empezamos a trabajar el sitio en 2012 y hemos hecho cinco temporadas de campo. Antes, cuando estuve en la Universidad de Bonn hicimos levantamiento topográfico junto con el INAH, pero en ese entonces no teníamos los recursos del gobierno alemán. Hoy sabemos que la zona abarca seis kilómetros cuadrados, porque el núcleo ceremonial élite no era tan grande, más o menos de medio kilómetro cuadrado, pero alrededor hay edificios dispersos, algunos de élite y otros de la gente común. Hay cantera y toda la infraestructura de una gran ciudad”, explica la arqueóloga Iken Paap.

El primer registro de esta zona se hizo el 4 de mayo de 1887 cuando Teobert Maler, ingeniero y explorador alemán, visitó las ruinas de “Dsekatun” en el municipio de Hopelchén, Campeche, travesía que documentó con fotografías, dibujos y notas de campo, materiales que actualmente resguarda el Instituto Ibero-Americano de Berlín.
“Ese legado fue la fuente principal para el estudio de la arquitectura del sitio, la cual fue destruida en gran parte por el robo continuo de piedras y el abandono de la Hacienda Holcatzín en los años 90”, comenta Kaap, investigadora del Ibero-Amerikanisches Institut.

Gracias al registro de Maler, añade, mexicanos y alemanes visitaron varios sitios prehispánicos entre la región de Santa Rosa Xtampak y Edzná, área poco explorada. “Resultó que Dzehkabtún tiene mucha arquitectura tardía que no es común en la zona, tiene muchos edificios que fueron alterados al final del clásico y eso nos hizo pensar que valía la pena hacer un proyecto para saber qué pasó al final del clásico, cuando toda la gente abandonó el sitio y emigró a las ciudades del norte como Chichén Itzá o Mayapán”.


JERGLÍFICOS, ENTIERROS, MASCARONES... ¿Qué arquitectura se conserva en Dzehkabtún?, se le pregunta a la arqueóloga Kaap. “Templos y palacios. Fue una ciudad desestimada porque no es ‘bonita’, además el terreno fue ocupado para la producción de caña de azúcar y después por una hacienda ganadera. No obstante, tras varios años de investigación sabemos que el sitio sí tuvo importancia, estaba conectado con las redes de intercambio que iban desde el centro de México hasta Guatemala, con quienes intercambiaban obsidiana y otras materias primas”

—¿Qué edificios ceremoniales o de élite existen?

—Hay un edificio con crestería que fue un templo y que consolidamos el año pasado, también hay parte de un palacio, pero notamos que muchos edificios fueron presa de derrumbes.

—¿Encontraron mascarones?

—El palacio presentó un mascaron caído, entonces uno o dos pedazos están en el patio, pero el edificio está derruido. No hubo mascarones de entrada que representen a algún reptil. No sabemos qué representa el hallado, aunque se dice que son caras de Chac (mool).

—¿Se adoraba a algún dios en específico?

—En algunas colecciones privadas hay retratos del Dios M (Ek Chuan) que era, entre otros, el dios del intercambio de mercados, aunque seguramente también se adoró al dios de la lluvia. Como no hemos encontrado muchos detalles arquitectónicos por la destrucción del sitio, no sabemos esa parte de las deidades.

—¿Hallaron presencia de glifos?

—Tenemos dinteles y un panel con glifos que no nos llevan a mucho conocimiento, en un dintel apareció una fecha pero desafortunadamente el glifo ésta erosionado.
“Tampoco sabemos el nombre original del sitio, en la hacienda en donde también Maler buscó sus guías locales que le dijeron que Dzehkabtún puede significar mano izquierda de piedra, pero eso no tiene mucho sentido. No tenemos alguna inscripción que nos diga el nombre original del sitio”, agrega Kaap.


—¿Hay evidencia de que los edificios tenían pinturas murales?

—Sí, en el mismo edificio de la crestería hay una banda con glifos que conserva un poco de pintura amarilla, blanca, negra y roja, pero está tan destruida que sólo se ve que hubo algo pero no se puede descifrar qué. Hubo otros monumentos, por ejemplo, dos dinteles que Teobert Maler dibujó pero ya no están, a lo mejor se los robaron o están en alguna colección privada.

Sobre el total de material hallado, Iken Paap indica que predomina la cerámica, toneladas de piezas, que pudieron localizar en la parte habitacional, espacio en donde también hallaron entierros humanos.

“Encontramos entierros debajo de las casas y alrededor de éstas, sobre todo del clásico terminal, cuerpos que colocaron con sus platos y ofrendas. Son entierros de personas no pertenecientes a la élite. Pero un hallazgo interesante que tuvimos el año pasado fue una ofrenda de nueve excéntricos de sílex depositados en su posición original y por el momento, estamos esperando los resultados de laboratorio”.

—¿Hay indicios de guerra o de habitantes guerreros?

—Tenemos indicios de que se quemaron casas, pero eso puede ocurrir por diversas razones. Tenemos el caso de dos restos (de casas) con un fin violento porque el techo cayó sobre las personas, de las que encontramos sus restos óseos quemados, eso puede significar guerra o rito de terminación. Esto es un descubrimiento que registramos apenas hace dos meses.

Kaap asegura que aunque Dzehkabtún fue una ciudad clave dentro del comercio, no implica que haya sido la principal ocupación de sus habitantes, motivo por el cual actualmente excavan el centro del sitio y un grupo habitacional al sureste, para comparar actividades económicas. “Tenemos fondos para dos temporadas más, las cuales iniciarán en febrero de 2017”.

Fonte: http://www.cronica.com.mx/notas/2016/969756.html (30/06/2016)

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