La historia más conmovedora de la arqueología: los perros de Moquegua y el afecto en la cultura Tiahuanaco
Dos perros momificados, hallados en zonas domésticas de
Perú, evidencian el trato especial y el valor emocional que recibían de sus
dueños, según un reciente estudio arqueológico
Por: Christian Lengua – 06/07/2026
El hallazgo de restos momificados de perros en el valle
de Moquegua revela que los habitantes de la cultura Tiahuanaco mantenían
vínculos cercanos con estos animales y les otorgaban entierros cuidadosos cerca
de sus hogares. Investigadores han documentado el descubrimiento de
dos perros, uno en Río Muerto y otro en Omo, que recibieron un trato funerario
excepcional, según relató la arqueóloga Susan deFrance en la
revista Latin American Antiquity.
La arqueología suele centrarse en relatos
de poder, conflictos y monumentos, pero de forma ocasional surgen historias que
ponen en primer plano la vida cotidiana y los afectos. El análisis de estos dos
perros, con una antigüedad aproximada de 1.100 años, aporta una visión íntima
sobre la relación entre personas y animales en el sur del Perú durante
el Horizonte Medio, una época en la que la civilización Tiahuanaco se
extendía por territorios que hoy pertenecen a Bolivia, Perú y Chile.
El clima árido del valle de Moquegua permitió
la conservación natural de los restos momificados. Uno de los ejemplares
apareció en el asentamiento de Río Muerto y el otro en el
sitio ceremonial de Omo. Ambos fueron identificados como perros
domésticos gracias a la preservación de fragmentos de pelo, una rareza en
contextos arqueológicos de la región, donde habitualmente los restos caninos se
confunden con huesos de zorro andino.
Entierros intencionados y vínculos cotidianos
El primero de los animales analizados era una hembra joven,
de menos de un año, con pelaje marrón y blanco en parte conservado. Fue
depositada cuidadosamente en una pequeña fosa sobre una esterilla tejida y,
posiblemente, envuelta o sujeta con cuerdas. La disposición del cuerpo y el
contexto de hallazgo sugieren un entierro deliberado y respetuoso, lejos de un
simple abandono.
El segundo perro, un cachorro de pocos meses, fue encontrado
en el centro ceremonial de Omo. También recibió un tratamiento
funerario esmerado. Ambos ejemplares fueron enterrados en espacios cotidianos,
próximos a viviendas, lo que indica que estos perros estaban estrechamente
ligados a la vida diaria de las personas. Para los investigadores, este tipo de
entierro muestra un nivel de atención y afecto inusual en la arqueología de los
Andes prehispánicos.
Dieta, procedencia y convivencia humana
Los análisis isotópicos realizados en huesos, dientes y pelo
permitieron conocer la dieta y procedencia de estos perros. Los resultados
demostraron que ambos animales eran originarios de la región y no habían sido
trasladados desde otros lugares. La hembra de Río Muerto tenía
una alimentación similar a la de los humanos, basada en recursos vegetales y
carne, lo que apunta a una convivencia cercana y a que probablemente comía
restos proporcionados por las personas.
En contraste, el cachorro de Omo presentaba
una dieta con mayor presencia de carne, lo que podría indicar que buscaba
comida fuera de los ámbitos domésticos o accedía a otros recursos. Aunque sus
estilos de vida diferían, ambos perros formaban parte del entorno humano y
reflejan la integración de los animales en la colonia Tiahuanaco.
Más que animales utilitarios: el papel emocional de los
perros
En el mundo prehispánico andino, los perros podían cumplir
funciones como guardianes, ayudantes y participantes en rituales funerarios.
Algunas culturas posteriores enterraban perros junto a individuos de élite como
protectores o guías en el más allá. Sin embargo, los casos documentados
en Moquegua corresponden a perros enterrados en contextos
cotidianos, no en mausoleos aristocráticos, lo que refuerza la hipótesis de una
relación afectiva y cotidiana entre las familias y sus animales.
Las conclusiones del equipo dirigido por Susan
deFrance apuntan a que los habitantes de la colonia Tiahuanaco reconocían
a sus perros como compañeros y les dedicaban atención durante su vida y tras su
muerte. La presencia de entierros intencionales y el cuidado en la disposición
de los cuerpos evidencian que estos animales recibieron un trato que trasciende
la utilidad funcional.
Arqueología de los afectos: una mirada al pasado humano
El estudio de estos perros momificados no solo aporta
información sobre la cultura Tiahuanaco, sino que también ilustra
la dimensión afectiva de la convivencia entre humanos y animales en tiempos
antiguos. Enterrar a un cachorro sobre una esterilla y acomodarlo con esmero
junto a la vivienda refleja un gesto de reconocimiento y posiblemente de duelo,
más allá de una acción utilitaria.
Aunque no es posible afirmar si los habitantes de la época
sentían por sus perros un afecto similar al actual, los datos arqueológicos
permiten sostener que no los percibían como simples recursos. Eran valorados y
tratados con dignidad, como lo demuestra la delicadeza en sus entierros y la
proximidad a las áreas habitadas.




Comentários
Postar um comentário