sexta-feira, 23 de dezembro de 2016

El cuerpo de la mujer en la cultura mochica

Cerámicas, esculturas, joyas y textiles muestran la concepción de la vida según el patriarcado mochica.l - E. P.

POR CHUS TUDELILLA

Una sola obra, el retrato de cerámica que el arqueólogo Rafael Larco Hoyle recibió de su padre Rafael Larco Herrera en 1923, fue el origen del Museo Larco de Lima en 1926, dedicado a la investigación y colección de las culturas del antiguo Perú. De entre las obras de arte precolombino del Museo Larco, la exposición que se presenta en CaixaForum se centra en las realizadas por los mochicas, habitantes de las numerosas sociedades que poblaron las regiones de la costa norte de Perú entre los años 200 al 800 d. C., cuando un colapso repentino convirtió los centros urbanos en ciudades fantasmas. Todo lo que se sabe de los mochicas es a través de la arqueología, desde la primera campaña del alemán Max Uhle en 1899, a la que siguió la ardua, decisiva, y también sistemática, tarea realizada por Rafael Larco Hoyle, considerado el padre de la arqueología mochica, hasta las excavaciones actuales tras al descubrimiento de las tumbas reales de Sipán, en 1987. El estudio que acompaña a las campañas arqueológicas ha alumbrado la sociedad mochica, y la concepción del mundo y de la vida que transmitieron a través de mitos, ritos y ceremonias, cuya expresión reflejaron en cerámicas, esculturas, joyas y textiles.

Según cuentan los autores de los textos incluidos en el catálogo, las pequeñas unidades territoriales mochicas se fueron transformando a lo largo de sus casi setecientos años de existencia en estados territoriales mediante un sistema que supo combinar con éxito eficiencia y legitimidad; valores que, sin embargo, se mostraron inútiles cuando las autoridades no supieron adaptarlos a la crisis que, finalmente, condujo a la desaparición de los mochicas, en el siglo VIII. El tiempo borró la memoria de la sociedad mochica, que volvió a ser recuperada a comienzos del siglo XX. Hasta entonces, y desde la llegada a América del Sur de los conquistadores españoles, en 1532, la civilización inca se consideraba la más antigua de Perú.

De entre los mitos mochicas, anota Jürgen Golte, el mito primigenio atiende al encuentro de dos seres andróginos, muy diferentes en rango y poder, del que surge un universo más complejo de generación en generación. Los mochicas entendían el mundo en que vivían como un presente que descendía del árbol genealógico de los ascendientes, y el futuro del árbol dependía de los encuentros regulados entre opuestos complementarios: femenino masculino. Del catálogo de obras que analiza Ulla Holmsquist, destacamos vasijas cerámicas ceremoniales que representan el cuerpo de la mujer como receptora y cuerpo generador de fluidos. No en vano, las mochicas fueron sociedades agrícolas que aprendieron a aprovechar el agua que venía «de arriba», donde las altas montañas toman contacto con el cielo, para fertilizar la tierra «de abajo», donde crecen los cultivos. Para los mochicas, el mundo de abajo es femenino y, por ello, carente de masculinidad por lo que consideraban preciso masculinizarlo mediante la entrega de semen.

El cuerpo de la mujer reducido al acto fecundador se representa en cuencos receptores de semen, real o simbólico, mediante un orificio para la entrada del líquido en el interior del recipiente, que se corresponde con la vagina. O modelado en el interior de un cuenco oval, adoptando la postura del acto sexual con una vulva agrandada por la que se vierte el líquido que desaparece absorbido en el interior del cuerpo de la mujer. Varios recipientes ceremoniales muestran la unión sexual entre un hombre y una mujer, con múltiples variantes en función del rango de los personajes, o de su condición terrenal, divina o sobrenatural. Cuando las prácticas sexuales no están asociadas a la reproducción indican que los vivos entran en contacto con los muertos, con los ancestros, cuya presencia se reconocía en la lluvia y el agua de los ríos. El tránsito del útero materno, del mundo oscuro al exterior, queda representado en una botella de parto, en la que la mujer parturienta está sentada, sostenida por otra mujer y ayudada por la partera que recibe la nueva vida. El fruto de la masculinización del mundo femenino; según el patriarcado mochica.

Fonte: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/escenarios/cuerpo-mujer-cultura-mochica_1164237.html (04/12/2016)

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