De chamanes y jaguares: Costa Rica en jade

Una excursionista en la reserva biológica del bosque nuboso de Monteverde, en el corazón de Costa Rica. PATRICIA FOGDEN

El Museu d'Arqueologia de Catalunya presenta 200 piezas de época precolombina que ha cedido el Museo del Jade de San José

El verde explica Costa Rica. O los verdes. El país es un gran bosque con todos los tonos imaginables de verde:el esmeralda de la jungla, el lima de las ranas casi fluorescentes, el veronese contenido de los manglares al atardecer, el oscuro de los montes nebulosos, el ácido de los volcanes, el de las palmeras sobre el Caribe... Incluso su pasado se cuenta en verde: el jade, símbolo precolombino, metáfora de su propia historia. El jade chamánico, animista, mistérico, que se remonta a olmecas y mayas.

El jade corresponde a la cosmovisión animista de las antiguas sociedades precolombinas. Amuleto de protección, objeto mágico o símbolo de poder, los objetos en jade encierran mitos, ritos y creencias. Como la pequeña pieza que representa a un chamán subido a un árbol y lo desciende transformado en jaguar. La exposición Chamanes y espíritus descubre esas historias a través de los tesoros del Museo del Jade de Costa Rica, que custodia la mayor colección pública de objetos de jade de todo el mundo. Más de 200 piezas han llegado al Museu d'Arqueologia de Catalunya, donde se podrán ver hasta el 1 de julio, en el mayor préstamo en la historia del museo costarricense.

Detalle del águila bicéfala que es el símbolo del Museo del Jade

Ya para los olmecas el jade se asociaba al agua. Olmecas y mayas trabajaron el jade, pero en Costa Rica tuvo un tratamiento diferente, un sello local. Y se debe, sobre todo, a la relación con la naturaleza, a la gran cantidad de ecosistemas, a la relación con los animales. Se le dio alma a la serpiente o al jaguar, animales temidos y respetados. De ahí surgen los espíritus protectores. Su representación es realista, pero a veces también abstracta y estilizada:sólo con ver una cola ya sabías que se refería a un mono», explica la arqueóloga Virginia Novoa, comisaria de una exposición que pretende «traer un pequeño trozo de Costa Rica» a Barcelona.

Para entender la historia y los mitos animistas de Costa Rica hay que adentrarse en uno de sus bosques. O sea, dentro del verde, el color de Chamanes y espíritus, que se abre con una imagen de Monteverde, uno de los mayores parques nacionales del país. También están las cifras, más frías:en sólo un 0,3 de la superficie del planeta Costa Rica concentra el 6%de su biodiversidad y más de la mitad del país está cubierto por zona boscosa.

Estratégicamente situada en el ismo de Centroamérica, todas las rutas comerciales de la antigüedad cruzaban Costa Rica. Y de ahí proviene su jade porque, paradójicamente, en el país no existían fuentes del mineral. Sin embargo, fue uno de los lugares donde mejor se talló y pulió. Incluso existe la hipótesis de que los mayas invitaron a su corte a los artesanos costarricenses, capaces de crear auténticas filigranas y exquisiteces sobre piedra:bebés jaguares, serpientes enroscadas, el pico de un tucán... De esos contactos, Costa Rica adoptó la iconografía mesoaméricana desde el 500 a.C. e importó grandes cantidades de jade del valle del río Motagua, en Guatemala, que se «intercambiaba por plumas exóticas, tintes, textiles, sal, fruta y otros productos agrícolas», señala Novoa.

Representación en cerámica de una chamana.

En jade se daba forma a los espíritus protectores y de jade se vestía el chamán o la chamana, intermediario entre el mundo celestial y el terrenal. «Existen muchas representaciones femeninas en la arqueología de Costa Rica. No sólo como procreadora, también vestida de chamán, con la piel pintada como si fuese un jaguar o un reptil», apunta la arqueóloga.

«El jade es uno de los minerales más duros del planeta. Los artesanos podían tardar años en realizar una pieza, por eso son únicas. Pero el objetivo del museo es rescatar a las personas detrás de los objetos, contarnos a nosotros mismos: qué significaban esas piezas para nuestros antepasados y qué tienen que ver con nosotros», apunta Laura Rodríguez, directora del Museo de Jade, que ha prestado algunas de las piezas más icónicas del museo, como el águila bicéfala o los colgantes alados que imitan el vuelo del murciélago, constructor del mundo y de los planetas en los viejos mitos precolombinos. Pero también se despliegan objetos en piedra, cerámica, arcilla, oro o concha, incluso se puede ver una ocarina o una de las famosas (y misteriosas) esferas de piedra de Costa Rica, declaradas Patrimonio de la Humanidad. Aunque a tamaño reducido. En el delta del río Diquís se encontraron más de 500 petroesferas precolombinas de distintos tamaños, las más grandes de 2,6 metros de diámetro. «Eran marcadores, estaban ligadas a los asentamientos. Pero aún se investiga si sus alineaciones se correspondían con equinoccios o si tenían usos astronómicos», explica Novoa. Uno de los muchos misterios que aún esconden los bosques de Costa Rica.

Fonte: http://www.elmundo.es/cataluna/2018/04/04/5ac4e8a5268e3e5b478b45de.html (04/04/2018)

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