domingo, 8 de fevereiro de 2015

Los Atlantes de Tula, una maravilla del pasado


Mudos herederos de la cultura tolteca, las figuras se han convertido en el símbolo del arte monumental prehispánico

GUADALAJARA, JALISCO (01/FEB/2015).- Si el turismo es una de las principales actividades económicas del país, uno de sus rubros, el arqueológico, encuentra terreno fértil para el desarrollo gracias a la riqueza con que cuenta México en cuanto a vestigios pasados. Y uno de los que más llaman la atención se encuentran en el Estado de Hidalgo: la Zona Arqueológica de Tula, hogar de los célebres Atlantes (o gigantes) de Tula, una serie de esculturas de casi cinco metros de altura que representan a cuatro guerreros míticos y se encuentran en la plataforma superior del Templo de Tlahuizcalpantecutli, como custodios de la antigua capital de lo que fue el imperio Tolteca.

Esta zona arqueológica se localiza al Oeste de la ciudad de Pachuca, en la parte Suroeste de la entidad. La palabra Tula tiene su raíz en el náhuatl Tollan-Xicocotitlan (literalmente, “Lugar de Tules o juncos”).

La ciudad fue fundada por el rey-sacerdote Ce Ácatl Topiltzin, bajo cuyo imperio comenzó una era de esplendor para los toltecas, pues fue en ese tiempo cuando desarrollaron su arte y religión, además de levantar las grandes construcciones cuyos remanentes apreciamos hoy día.

Entre la historia y la leyenda
Para apreciar este sitio, debe tomarse en cuenta que los arqueólogos sitúan la cronología de esta comunidad precolombina —que junto con Teotihuacán y Tenochtitlan, fue uno de los grandes centros urbanos del altiplano de Mesoamérica— entre los años 600 y 1521 d.C. y consideran que llegaron a su apogeo del año 900 al 1200 d.C., en lo que se conoce como el periodo Posclásico Temprano.

No sólo los datos historiográficos ayudan a recontruir el pasado de los Toltecas; una de sus leyendas más conocidas relata que, en el filo del primer milenio de nuestra era, Ce Ácatl Topiltzin —mejor conocido como Quetzalcóatl— fue humillado por Tezcatlipoca, un sacerdote rival que, con engaños, le hizo beber una sustancia que le hizo enloquecer por un tiempo, pero en ese lapso se puso en ridículo de tal modo que él y sus seguidores fueron expulsados de Tula y obligados a emigrar con rumbo al Golfo de México.

Fue durante esta marcha hacia el Sur que el grupo de exiliados pudo fusionar su cultura y tradiciones con los mayas (se dice que construyeron Chichén Itzá y la hicieron su capital), de ahí que la mitología quiché asocie a Quetzalcóatl con la figura divina de Kukulcán.

Los famosos Atlantes
En medio de las excavaciones que en 1940 conducía el arqueólogo mexicano Jorge Ruffier Acosta, sobre el Templo de Tlahuizcalpantecuhtli (o “estrella de la mañana”, es la personificación del planeta Venus y se asocia con Quetzalcóatl), en un pozo de saqueo, se hallaron los fragmentos de las estatuas que hoy conocemos como los cuatro Atlantes de Tula, además de las cuatro pilastras que fueron después colocadas detrás de cada uno.

Divididas en cuatro segmentos —bloques de piedra basáltica que se ensamblan— cada una, las esculturas miden en promedio 4.60 metros de altura. Se cree que los Atlantes de Tula son representaciones de guerreros Toltecas, ataviados con un tocado de plumas, un pectoral de mariposa (o “átlatl”, de ahí que se les nombre “atlantes”), dardos, un cuchillo de pedernal y un arma curva.

Más allá de su descripción, si bien existen hoy día muchas leyendas y creencias acerca de estos gigantes de piedra —hay quienes les atribuyen poderes sobrenaturales—, para los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la función que cumplían era sólo de tipo arquitectónico, esto es, que junto con las pilastras sostuvieron el techo del Templo de Tlahuizcalpantecuhtli, en la cima de la llamada “pirámide B”.

Más de lo que ves
Los famosísimos Atlantes de Tula no son las únicas maravillas de una zona arqueológica cuyo perímetro presenta diferentes construcciones; en estos términos, se puede en un breve recorrido visitar el Coatepantli o Muro de Culebras, una construcción decorada con relieves de piedra policromada, muchas de las cuales representan serpientes —de ahí el nombre— que devoran cuerpos humanos descarnados.

Otra de las construcciones características del lugar es El Palacio Quemado, edificación que consta de plataformas con restos de columnas de planta cuadrada y círculos, que forman un corredor con la pirámide; a unos metros, se halla el Juego de Pelota, en el que se observa un relieve que representa a un jugador y una estatua de portaestandarte (de hecho, se han localizado seis juegos de pelota en toda el área: tres en la plaza principal (o cerca de ella), y tres en la plaza a la que se denomina ‘Tula chico’, y todos tienen un gran parecido con el juego descubierto en Chichen Itzá).

Por otra parte, si de figuras reconocibles se trata, ahí mismo se encuentra el no menos famoso Chac-mool, frente al Palacio Quemado, figura reclinada de un sacerdote en cuyo pecho descansa un recipiente donde —se cree— se depositaban las ofrendas a los dioses; de igual modo, formada por cinco cuerpos separados por angostos andadores, se puede visitar la Pirámide del Sol, que es visible desde varios puntos de los alrededores.

Finalmente, el visitante no debe olvidar que la Zona Arqueológica de Tula se puede visitar de lunes a domingo, de 9:00 a 17:00 horas, con un costo de acceso que no llega a los 40 pesos; previo a la visita a los vestigios, se recomienda pasar por el Museo Arqueológico ‘Jorge R. Acosta’, ubicado a un costado del acceso principal a la zona.

SABER MÁS

Copia perfecta
Como detalle curioso, uno de los atlantes de la zona arqueológica es en realidad una réplica porque el original fue trasladado, en 1944, al Museo Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México (pero, siendo sinceros, no se percibe a simple vista).

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Para llegar
Tomando como referencia la Ciudad de México, se debe tomar la Autopista a Querétaro, Número 57; después se cuenta con dos opciones: tomar la salida Tula-Jorobas, y dirigirse hacia Refinería, en el kilómetro 60; o bien salir por Tepeji del Río, en el kilómetro 68. La Zona Arqueológica de Tula se halla a 88 kilómetros de Pachuca, y a sólo 93 de la capital del país.

Si se piensa en utilizar transporte público, los autobuses de la Ciudad de México salen de la Central del Norte. Ahora bien, si se viaja en auto, se tiene que tomar en cuenta que en el centro de Tula hay parquímetros, aunque durante los fines de semana no se cobra.

Fonte: http://www.informador.com.mx/suplementos/2015/573830/6/los-atlantes-de-tula-una-maravilla-del-pasado.htm (03/02/2015)

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