quarta-feira, 29 de abril de 2015

Chan Chan, la ciudadela hecha de adobe más grande del mundo antiguo


Cerca de Trujillo, en Perú, están las ruinas de esta ciudad precolombina, la mayor, por su tipo de construcción, de América Latina. En su momento fue, también, la capital de la cultura Chimú. Un lugar que vale la pena visitar.

Por Corina Canale / corinacanale@yahoo.com.ar

La grandiosidad de Chan Chan, lo que se percibe de aquella cultura milenaria, desata en el viajero un profundo asombro. El silencio es total en esta comarca del desierto peruano que roza las costas del Pacífico. Lo que quedó de una de las mayores ciudades de adobe nos acerca a una cultura que se perdió a mitad del siglo XV. Fue en la etapa cuando los chimúes fueron vencidos por los incas del Cuzco, que terminaron llevándose el oro y la plata para el Templo del Sol.

El pueblo resistió entre el barro, bajo el sol intenso del desierto y los bajorrelieves obsesivos, como los de los aztecas, con monstruos y serpientes sacras. Y perdió. Chan Chan es como un delirio que se vislumbra entre los atropellos de una fiebre altísima.

Es la ciudad de aquellos intuitivos artífices que se perdieron en el Universo, dejando construcciones colosales como la muralla chimú y la fortaleza Paramonga. Hombres que fueron hábiles en la metalurgia y en el manejo del oro y la plata. Los reyes de la dinastía Chimú fueron diez. El primero fue Tacaynamo y el último Minchacaman, el derrotado.

Según los arqueólogos, cada uno le imprimió su estilo a las ciudades que construían, manteniendo siempre el control en el manejo del agua y la seguridad. El valor del agua para los chimúes y el culto que le rendían es evidente en el palacio Nik An, "Casa del Centro". Es que en sus altos muros aparecen peces mirando hacia el sur y hacia el norte, a los que se vinculan con las dos corrientes marinas costeras de Perú: la de Humboldt, más fría, que viene del sur, y la cálida del Niño, que llega del norte. En los muros de este palacio también hay talladas olas, redes de pesca, guerreros, pelícanos y anzumitos, una rara mezcla de lobos de mar y nutrias.

Chan Chan surgió en el año 900, tras la declinación del imperio Huari y en el territorio de los mochicas, con una población de entre 20 y 30 mil habitantes. Claro que en el 1300, en plena expansión, ya tenían 100 mil. Sus gobernantes eran considerados dioses y vivían en palacios monumentales. Mientras tanto, el pueblo les pagaba tributo con productos o trabajo y ocupaban pequeñas casitas. Hablaban el quingnam, lengua parecida a la de los mochicas, y los hombres de mar, un dialecto que los misioneros llamaban "lengua pescadora". Además de la pesca en "caballitos de totoras" (una suerte de canoas) y de la agricultura, el comercio y los tejidos con lanas de llama, alpaca y vicuña, también fueron creativos ceramistas. Así fue que moldeaban recipientes domésticos, vasijas para las ofrendas de sus muertos y los raros huacos eróticos.

Durante el tiempo del virreinato del Perú, entre 1532 y 1821, la ciudad de adobe fue muchas veces saqueada y destruida. Ocurre que los conquistadores creían que entre sus gruesos muros se escondía un gran tesoro de oro y plata. A diferencia de los incas, cuyo dios era el sol, los chimúes adoraban a la luna. Es que la creían más poderosas que el astro amarillo, porque alumbraba la noche. La luna, en definitiva, fue el gran marcador del tiempo de los chimúes.

Fonte: http://www.lanueva.com/domingo-impresa/807507/chan-chan--la-ciudadela-hecha-de-adobe-mas-grande-del-mundo-antiguo.html (12/04/2015)

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