domingo, 12 de junho de 2011

Los 124 menhires de Tafí del Valle subsisten muy dañados por la naturaleza y por el hombre

Los monumentos de piedra de la antigüedad se encuentran todos juntos en El Mollar. Trabajan para restaurarlos.

La primera etapa de limpieza y restauración de los menhires de la Reserva de El Mollar (Tafí del Valle) está casi concluida.

Se trata de 124 piezas, muchas de las cuales presentan un ostensible deterioro.

Diecisiete de los 20 ejemplares sobre los que se trabajó con productos hidrorepelentes están libres de líquenes, hongos y microorganismos, principales agentes perjudiciales de los ejemplares de valor histórico arqueológico, únicos en el país.

Para realizar esta tarea que se prolongará hasta 2012, se trajo a la ingeniera chilena Mónica Bhamondez Prieto, especialista en conservación, responsable de la restauración de los moai (escultura) de la Isla de Pascua, quien el año pasado capacitó a personal de la Dirección de Patrimonio del Ente Cultural y a miembros de la comunidad indígena de Tafí del Valle.

La tarea comenzó el año pasado pero tuvo que ser interrumpida durante el verano por la humedad. “El trabajo no es fácil y nos demandará por lo menos hasta la época seca del 2012. Pretendemos terminar este año con más del 50 por ciento de las piezas”, indica el arqueólogo Osvaldo Díaz, quien junto a Carlos Piñero, trabajan en la recuperación de los monolitos.

Díaz precisó que si bien la mayoría de los menhires están dañados por líquenes, sin embargo, no es el único factor de deterioro “hay agentes biológicos, microorganismos que anidan en las grietas de la roca, hongos, deyecciones de aves y –obviamente- el vandalismo, algunos están pintados con aerosol y otros han sido golpeados”.

Actualmente, la Reserva de los Menhieres está alojada frente a la Plaza de El Mollar, en la antigua estancia de la familia Frías Silva, su probable ubicación de origen.

Qué son los menhires
Los Menhires, gigantes de piedra, guardan celosamente secretos de pueblos antiguos.

Grandes bloques de piedra, de distintas alturas (a veces superan los 3 m de alto por 50 a 60 cm de ancho).

La palabra de origen celta significa piedra larga (de men, piedra e hir, largo.)

Según algunos arqueólogos, historiadores o estudiosos del tema, tendrían entre 1.000 y 10.000 años de antigüedad.

Estos Menhires grabados con motivos humanos, de animales o representaciones puramente geométricas, han sido motivo de diversas interpretaciones, en cuanto a su significado.

Las teorías sobre estos megalitos son infinitas, tanto en la función que cumplieron, como en su antigüedad.

El estudio de las singularidades de la magia indígena ayudaron a encontrar respuestas.

Los Menhires son monumentos de compulsión mágica tendientes a lograr de los dioses fecundidad y fertilidad, concepto que en la mentalidad primitiva de los hombres de la Edad de Piedra significaban reproducción de personas, animales, planta y frutos. Para ello necesitaban lluvias oportunas y suficientes, calor del sol, que las llamas parieran muchas crías y que se multiplicaran los venados, guanacos y demás animales.

En la necesidad de que los dioses comprendieran sus exigencias, tallaron el monumento mágico como un símbolo fálico, representación del falo divino con que el ser supremo creó al mundo. El surco o hendidura circular que muchos de ellos tienen en la parte superior marca el bálano, glande o cabeza del miembro viril y por multivalencia servía además para atar un haz de plumas que reforzaba el conjuro mágico para lograr la fecundidad. Como la parte representa al todo, la pluma simboliza al ave y ésta a la nube que trae la lluvia.

Por las mismas razones de multivalencia mágica, algunos Menhires están grabados con serpientes o felinos, o con círculos concéntricos, ojos de Imaymana que refuerzan los conjuros para lograr la lluvia, fertilidad y fecundidad. El frente grabado del Menhir para que el Dios Sol viera y comprendiera bien la conjunción mágica, se orientaba hacia el Este por donde asoma el astro divino.

Es una lástima que este detalle no haya sido tenido en cuenta al reubicarlos en el Parque Los Menhires, donde se exhiben los que quedaron en la zona, después que los mejores y más valiosos fueron llevados por los Huaqueros a Museos de otras latitudes.

Por su ubicación dentro de los conjuntos y en relación con los enterratorios en los recintos centrales, permiten inferir la existencia de creencias religiosas e incluso la realización de ceremonias a nivel doméstico. Estos menhires pudieron ser signos distintivos de fraternidades religiosas identificadas con un antepasado común, dentro de estos grupos tribales.

Las primeras referencias que se tuvieron acerca de la existencia de los "menhires" datan de un célebre trabajo del arqueólogo Juan B. Ambrosetti, fechado en 1897, al que siguieron investigaciones de Quevedo, Bruch, Jaimes Freyre, Eric Boman y otros científicos o aficionados.

¿Misterio o símbolo?
Decía el escritor boliviano Ricardo Jaimes Freyre, en su obra El Monolito de Tafí, que el menhir es una piedra tosca y muda, de misterioso origen. Pero no fue muda siempre: ¿Quién sabe lo que decía al espíritu simple y primitivo de las tribus que lo erigieron?. La pregunta subsiste y no son pocas las teorías que barajan los arqueólogos. Canals Frau menciona construcciones similares en Perú, Nicaragua, México, y en zonas tan alejadas de América como la Isla de Pascua.

Hay quienes piensan que los "Menhires" podrían tener alguna remota relación con los de esta última isla, tan estudiados por la curiosidad científica y por la literatura de ficción.

Para Imbelloni, la presencia de piedras paradas es propia de los pueblos Naga (entre Brahmaputra y Chindusín, en la India) y en Celebes, Timos y Nias. A veces, como en la estancia del Cedro, se los encuentra junto a un gran mortero de piedra o restos de tosca alfarería.

En un minucioso estudio, el arqueólogo tucumano Roque Gómcz ha establecido dos categorías: lisos y grabados. La piedra ha sido picada y Gómez recuerda que Adrián Quiroga, al estudiarlos, utilizó cinceles de cobre y bronce sobre esas piedras, pero con resultado negativo.

Quiroga añade que "he observado que una vez producida la rotura de la piedra lisa, el cincel pudo obrar colocándolo muy inclinado", de lo que deduce que el cincel más usado sería el de pedernal y hasta se habría procedido a trabajarlas por frotamiento.

Se relaciona estos menhires de Tafí del Valle con el culto fálico y la fecundidad de la tierra, o bien con personajes similares a los encontrados en la Puerta del Sol, en Bolivia, así como extraños círculos de piedra alrededor de ellos parecen indicar que se trataría de un método para determinar los solsticios y podrían haber servido para marcar los puntos equinocciales. Lo único cierto, por ahora, es que se observan notables parecidos con esculturas encontradas en puntos muy distantes del mundo. El propio hecho de su existencia y el interés científico que despiertan ha de revelar, algún día, el misterio que envuelve a las "piedras largas". Al contemplarlos, el turista encontrará en ellos el siempre estremecedor y vivo testimonio de las culturas que nos precedieron: el canto solemne y vigoroso de aquellos primitivos habitantes de nuestra tierra, íntimamente ligados a la Naturaleza y temerosos del poder infinito de la Creación.

Los yacimientos de "menhires" fueron explorados sistemáticamente en los últimos años y en 1968 una comisión de promoción instaló, simbólicamente, un Parque Arqueológico de Menhires, en la plaza de la localidad taficeña de El Mollar, con el auspicio de la Universidad Nacional de Tucumán y otras entidades y organismos. A pesar del deterioro sufrido por la acción del tiempo y por la mano del hombre, que a veces depredó valiosos ejemplares, los "menhires" han podido ser rescatados en buena proporción.

Fonte: http://www.contexto.com.ar/nota/52374/los-124-menhires-de-tafi-del-valle-subsisten-muy-danados-por-la-naturaleza-y-por-el-hombre.html (11/06/2011)

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