Quebrada del Oso: un proyecto agrícola en medio del desierto que sirvió para alimentar al antiguo Perú
Un estudio demostró cómo el imperio Chimú organizó el trabajo, movilizó
poblaciones y administró el agua en la costa desértica para sostener su
expansión durante siglos.
Por: Renzo Loza - 05/01/2016
Al sur del valle de Chicama, La Libertad, en una zona que
hoy luce seca y aparentemente improductiva, la arqueología ha
comenzado a reconstruir la vida prehispánica. Allí, en la Quebrada del
Oso, funcionó entre los años 1045 - 1600 d.c., un complejo sistema
hidráulico y agrícola impulsado por el imperio Chimú para
producir alimentos, administrar el agua y sostener el crecimiento de su
población. No solo fue un asentamiento en el desierto, sino que formó parte de
un proyecto bien planificado que articuló ingeniería, poder político y trabajo
agrícola en la costa norte del antiguo Perú.
Esta conclusión fue realizada gracias a equipo internacional
de investigadores gracias al financiamiento de la Universidad Nacional Mayor de
San Marcos (UNMSM), cuyos resultados fueron publicados recientemente en la
revista científica Antiquity. El estudio retoma trabajos realizados por
primera vez en la década de 1970 y los reinterpreta con nuevas excavaciones,
análisis y una mirada más amplia sobre el rol del sitio dentro del Imperio
Chimú. La arqueóloga, Carito Tavera, autora principal del estudio,
explicó a La República los detalles de la investigación.
“Quebrada del Oso es un lugar clave en la arqueología
peruana, destacó Tavera. “Este nuevo estudio nos ha permitido entender cuál fue
realmente su función dentro del aparato imperial chimú”, agregó.
Un centro de decisiones en medio del desierto
Uno de los aportes más importantes de la investigación es
demostrar que Quebradadel Oso fue un espacio donde se ejercía la autoridad de los
Chimú. Según la arqueóloga, allí no solo se cultivaba la tierra, sino que
se planificaba la producción agrícola y se gestionaba un recurso clave:
el agua.
El sitio se encuentra al pie del canal intervalle
Chicama–Moche, también conocido como el Canal de La Cumbre, una de
las obras de ingeniería hidráulica más complejas del mundo prehispánico. Desde
este punto, el agua era derivada hacia los campos de cultivo mediante canales
secundarios, lo que permitía irrigar extensas áreas agrícolas en una zona
naturalmente desértica.
Vista aérea de las excavaciones en la estructura en forma de C. Foto: Antiquity
“Este estudio ha demostrado que, a través de canales
secundarios, Quebrada del Oso administraba agua tomada del acueducto principal
y la llevaba hacia los campos de cultivo”, señala Tavera. Para la
investigadora, esto confirma que el sitio fue diseñado como parte integral del
sistema hidráulico chimú y no como una ocupación casual del paisaje.
El control del agua como base del poder chimú
La ubicación de Quebrada del Oso obedece a una lógica
técnica. El canal Chicama–Moche captaba el agua en la parte alta del valle y la
conducía bordeando las cordilleras costeras. En ese trayecto, la velocidad del
agua debía ser cuidadosamente controlada para que no rebalse del acueducto y
termine desbordándose, entonces cada tramo en kilómetros, va ‘desfogando’ agua
en canales secundarios que luego crean áreas de cultivo que son administradas
por los Chimú.
Se ha demostrado que este complejo no fue exclusivo del
periodo chimú. Quebrada del Oso siguió funcionando durante la dominación inca
y, posteriormente, en los primeros años de la colonia. “Tres imperios
utilizaron la misma infraestructura para seguir produciendo alimentos”, afirma
Tavera. Incluso cuando el control estatal desapareció, el lugar continuó siendo
aprovechado por las poblaciones locales, probablemente por la memoria social
asociada a su productividad.
Arquitectura administrativa fuera de Chan Chan
Otro hallazgo clave fue la identificación de una audiencia
rural Chimú, una estructura arquitectónica característica de los espacios
donde se tomaban decisiones administrativas y políticas. Este tipo de
construcciones se asocia tradicionalmente a ChanChan, la capital del imperio, pero también se replicó en otros centros
estratégicos del territorio.
En el complejo arqueológico se encontraron microalgas que confirman el uso planificado del agua. Foto: Carito Tavera
Las audiencias son estructuras únicas dentro de la tradición
arquitectónica chimú y están asociadas a espacios donde se tomaban decisiones
de carácter estatal. La presencia de una de estas edificaciones en Quebrada del
Oso confirma que el complejo formaba parte de una red administrativa más
amplia, encargada de gestionar recursos y actividades productivas lejos del
núcleo urbano principal.
Este hallazgo refuerza la idea de que el poder chimú no se
concentraba únicamente en la capital, sino que se extendía a través de centros
especializados que articulaban producción, control y toma de decisiones en
distintos puntos del territorio.
Trabajo agrícola sin poblados permanentes
Las excavaciones en los campos de cultivo revelaron una
dinámica particular de ocupación. Se encontraron numerosos fragmentos de
cerámica utilitaria —platos y recipientes asociados al consumo cotidiano de
alimentos—, pero no evidencias de viviendas formales.
“No estamos hablando de un poblado establecido”, explica
Tavera. “La gente llegaba a trabajar, se alimentaba en el sitio y luego se
retiraba”. Esta ausencia de casas sugiere que Quebrada del Oso funcionó como un
espacio de trabajo agrícola al que acudían grupos movilizados por el Estado
chimú para cumplir con cuotas de producción.
En este contexto, el hallazgo de cerámica de estilo Casma
resulta especialmente revelador. Procedente de un valle ubicado a varios
kilómetros al norte, esta cerámica indica que poblaciones de otras regiones
fueron trasladadas hasta Chicama para trabajar en los campos. Los chimú
invadieron a los Casma y tuvieron la capacidad de mover poblaciones para
asegurar la producción. Esta práctica más tarde también la emplearían los
incas.
La vida cotidiana en un paisaje agrícola estatal
Según Tavera, la sociedad que operaba en Quebrada del Oso
era claramente jerarquizada. El sitio combinaba tres componentes:
la arquitectura administrativa, los campos de cultivo y el acueducto. Quienes
administraban el complejo se encontraban en una posición distinta a la de los
trabajadores agrícolas, que desarrollaban su vida cotidiana en los campos.
En estos espacios se producía el alimento, se fabricaban
herramientas —principalmente líticas, según el registro arqueológico— y se
sostenía una economía basada en cultivos esenciales como el maíz y el frejol,
dos pilares de la dieta andina. El agua, en este contexto, era el recurso vital
que hacía posible la subsistencia del sistema.
Más que una simple “reserva agrícola”, Tavera describe a
Quebrada del Oso como “un proyecto hidráulico y agrícola del imperio chimú para
producir más alimentos y sostener el crecimiento de su población”. Una
iniciativa estatal que transformó el desierto en un paisaje productivo.
Un laboratorio de conocimientos en peligro
Hoy, Quebrada del Oso enfrenta serias amenazas.
El crecimiento de la avicultura, la agroindustria, el tráfico de
tierras y la minería ilegal ponen en riesgo la integridad de este
paisaje arqueológico. Para la investigadora, la pérdida no sería solo
patrimonial, sino también de conocimiento. En el sitio aún se pueden observar
distintos patrones de surcos de cultivo —en forma de S, E o líneas rectas— que
reflejan estrategias para manejar la evaporación del agua y las necesidades de
las plantas, los cuales requieren protegerse.
"Estos paisajes agrícolas prehispánicos son realmente
laboratorios a techo abierto que nos permitirían poder reconstruir ciertas
tecnologías que podrían ser muy útiles en el presente, sobre todo para la
pequeña industria agrícola que tiene el país y para la agricultura familiar
comunal que está en constante riesgo", advierte la experta.
Quebrada del Oso, hoy silenciosa y árida, fue durante siglos
una pieza clave del engranaje estatal chimú. Su estudio no solo ilumina el
pasado, sino que plantea interrogantes urgentes sobre el futuro del agua, la
agricultura y la memoria en el Perú.





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