Entierro de una "mujer divina" en Tlatelolco revela cómo se trataba a quienes morían en el parto
El alumbramiento era considerado como una batalla contra
la muerte, y quienes fallecían en este trance eran guerreras que residirían en
la Casa del Sol, en la parte occidental del cielo
Por Latinus - Escrito en ESTILO
DE VIDA el 12/3/2026
Recientes hallazgos y estudios en la zona arqueológica de
Tlatelolco muestran un caso de cómo los náhuas de principios del siglo XVI
trataban a las mujeres que alcanzaban la divinidad al morir
durante el parto o el embarazo, y se pueden contrastar con los de
otras tres mujeres que murieron en condiciones similares en el siglo
XIX.
Para los antiguos náhuas, el parto "era considerado
como una batalla contra la muerte", por lo que las
mujeres "guerreras" que morían durante el parto o el embarazo, sobre
todo si era el primero, eran consideradas mocihuaquetzqui (la
que se yergue como mujer), cihuapipiltin (mujer preciosa)
o cihuateteo (mujer divina).
En el numero 197, de marzo y abril de este año,
en la revista Arqueología mexicana se publican los
artículos “La parturienta del Centro Cultural Universitario Tlatelolco”, donde
se trata el caso del entierro de una adolescente tlatelolca, y “Las madres
del cólera”, sobre tres jóvenes adultas que murieron en una epidemia de
cólera.
Las investigaciones de ambos casos, hecha por Salvador
Guilliem Arroyo, director del Proyecto Tlatelolco del
Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y la antropóloga física
Miriam Angélica Camacho Martínez forman parte del proyecto que ha explorado
contextos funerarios.
Una joven tlatelolca y su bebé nonato
En “La parturienta del Centro Cultural Universitario
Tlatelolco” los autores abordan "el hallazgo de una ofrenda en la
rampa de acceso del estacionamiento del CCUT, como parte de un
salvamento arqueológico realizado en 2023", informa un comunicado del INAH.
Guilliem y Camacho escriben sobre un pozo, parte de una
construcción fechada hacia 1506-1515, donde está el entierro de
una mujer que al momento de morir tenía entre 15 y 17 años.
Los restos están acompañados de figurillas femeninas,
platos, cajetes y malacates, y de un recién nacido. La construcción
formaba parte de un templo donde –a la luz de esta interpretación–, debió
venerarse a las cihuateteo.
“El parto era considerado como una batalla contra la
muerte, donde el trofeo o cautivo era el recién nacido", señalan los
autores en un extracto
de la revista.
"Igual que un guerrero, la mujer luchaba por la
perpetuidad de linaje, y quien moría al dar a luz y se transformaba en un ser
divino, para residir en la Casa del Sol, en la parte occidental del cielo,
rumbo que coincide con la orientación del templo donde se
ubicó esta ofrenda”, añade Guilliem en el comunicado.
Además, los análisis hechos por Camacho Martínez indican que
la madre tenía dos anomalías congénitas asociadas con la endogamia: dens
invaginatus o “diente en diente”, una malformación del esmalte y la
dentina; y ausencia de fusión en la primera vértebra cervical.
Por su parto, el nonato presenta muestras que pueden
vincularse una deficiencia nutricional de la madre, quizá escorbuto, que
pudo ser resultado de la alimentación exclusiva de maíz.
Las madres del cólera
Camacho y Guilliem también exponen el descubrimiento,
realizado entre 2022 y 2025, "de los restos de tres mujeres inhumadas,
cada una con un infante, en el Gran Basamento del recinto sagrado", una
estructura prehispánica que fue reutilizada como fosa común, ante la mortandad
ocasionada por la epidemia de cólera de 1833.
"Dichos entierros corresponden a mujeres que rondaban
entre los 25 y 39 años, y neonatos con alrededor de 30 semanas de gestación,
salvo uno que, al contar con 38 semanas, existe la posibilidad de que haya
llegado a término", señala el comunicado.
Al ser entierros hechos en el México independiente del siglo
XIX, los arqueólogos interpretan la presencia de los bebés en el regazo de sus
madres como indicio de que fueron bautizados.
“Cuando la partera veía peligro de muerte en el recién
nacido, aún dentro de la madre, estaba obligado a bautizarlo, incluso,
cualquier parte del cuerpo que saliera de la cavidad pélvica”, señalan.
De acuerdo con Camacho Martínez, los restos de las mujeres
tienen evidencias de actividad ocupacional, de haber desempeñado trabajos
arduos, así como deficiencias nutricionales, por lo que supone que estas
mujeres pertenecían a la población pobre de la Ciudad de México.
“Es raro encontrar niños en este tipo de contextos, ya que a menudo había un lugar especial para ellos. A pesar de la gravedad del cólera, estas mujeres fueron colocadas en ataúdes con sus infantes, lo que implica la intención de que permanecieran juntos”, finaliza la experta.




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