Un museo subterráneo dedicado al Juego de Pelota y a Ehécatl
En el sótano del Hotel Catedral, arqueólogos del INAH,
adscritos al PAU–Museo del Templo Mayor, trabajaron desde 2009 en el rescate de
templos y espacios sagrados que se creían perdidos para siempre y que revelan
la cosmogonía y los rituales del imperio mexica.
Por: J. Francisco De Anda Corral
- 02.08.2026
Bajo el asfalto y los edificios históricos de la Ciudad de
México se resguarda el corazón del antiguo recinto sagrado de Tenochtitlan.
Desde 1978, año en que emerge del subsuelo el monolito de la
diosa lunar Coyolxauhqui y con ello se emprende uno de los proyectos
arqueológicos más deslumbrantes del siglo XX, encabezado por el arqueólogo
Eduardo Matos Moctezuma, el recinto sagrado no ha dejado de revelar quiénes
eran y cuál era la cosmovisión de los mexicas.
En los últimos veinte años, el Programa de Arqueología
Urbana (PAU) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha
descubierto al interior de algunos inmuebles alineados sobre la calle de
República de Guatemala vestigios del Calmécac, donde se educaban los nobles de
la urbe mexica; un templo dedicado al dios del viento, Ehécatl; el enigmático
Gran Juego de Pelota, y los restos del Huei Tzompantli y su torre de cráneos,
elementos todos que dan cuenta de la naturaleza ritual de la vida al interior
del recinto sagrado; y todo, al pie de la misma acera.
El Economista recorre el sótano del Hotel Catedral, hoy
convertido en un museo subterráneo, donde se localizaron el Gran Juego de
Pelota y el Templo de Ehécatl, de la mano de los arqueólogos Raúl Barrera
Rodríguez y Lorena Vázquez Vallin, director e investigadora del PAU,
respectivamente.
Esta ventana arqueológica, escenario de más de un siglo de
exploraciones, está situada en la calle República de Guatemala 16, justo detrás
de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México y en el subsuelo del
denominado hotel, donde el equipo de especialistas del INAH trabaja desde 2009
en el rescate de templos y espacios rituales que se creían perdidos para
siempre.
En lo que fuera el estacionamiento del hotel, los
arqueólogos descubrieron, los restos de un basamento rectangular con un cuerpo
circular de dos niveles, vestigios de un templo que los mexicas habrían
edificado en honor al dios del viento, alineado geográficamente al adoratorio
de Tláloc, dios de la lluvia.
Raúl Barrera explica que el edificio original estaba
conformado por la plataforma que debió medir 34 metros de longitud, y soportaba
una estructura circular de cuatro niveles. Remataba en un techo cónico de paja,
simulando el crótalo de una serpiente enroscada que descendía al templo que, a
su vez, era la representación del dios Ehécatl-Quetzalcóatl.
“Estos templos corresponden al Posclásico Tardío (1200 –
1521 d.C.) y estaban generalmente orientados hacia donde sale el sol",
precisa el arqueólogo.
El teotlachco: una puerta al inframundo
Durante una segunda temporada, los arqueólogos detectaron
los restos del principal juego de pelota de Tenochtitlan, el mismo donde los
tlatoanis mexicas Axayácatl y Moctezuma II midieron su destreza frente a los
gobernantes de Texcoco y Xochimilco, dice la arqueóloga Lorena Vázquez.
"En el 2014 se hace una segunda temporada de
excavaciones donde ahora los trabajos se enfocan en el área de la fachada y
entrada de este predio y en este espacio hacia el lado sur se detecta la
plataforma que delimitaba al norte la cancha del Juego de Pelota, o Teotlachco,
al interior del antiguo recinto sagrado de Tenochtitlan. La plataforma presenta
tres etapas constructivas e incluye una banqueta de 1.90 metros, cuatro
escalones y un pórtico de 9 metros de ancho para espectadores", explica la
arqueóloga.
Uno de los hallazgos más sorprendentes que realizaron los
arqueólogos al excavar el Juego de Pelota fue una ofrenda con restos óseos
humanos asociada al rito prehispánico.
"Esto es resultado de un ritual que al parecer buscaba
la renovación de los ciclos vitales". explica la arqueóloga.
Vázquez Vallin resume que para los mexicas la cancha del
Juego de Pelota representaba un portal al inframundo; la ofrenda simbolizaba la
renovación de los ciclos vitales y de los astros, usando la sangre del cuello
como elemento fértil.
francisco.deanda@eleconomista.mx
Fonte: Unmuseo subterráneo dedicado al Juego de Pelota y a Ehécatl


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