ADN antiguo reescribe la historia del Perú: descubren migración de más de 700 kilómetros siglos antes de los Incas
Un estudio internacional basado en restos humanos hallados en Chincha reveló que antiguas comunidades costeras conservaron durante siglos sus rituales funerarios y prácticas culturales pese a mezclarse con otros grupos del territorio peruano
Por: TomásEzerskii – 27/05/2026
Mucho antes del surgimiento del imperio
Inca, grupos humanos ya atravesaban extensos territorios de la
costa peruana llevando consigo sus costumbres, rituales y formas de
organización familiar. Un reciente estudio internacional basado en el análisis
de ADN antiguo descubrió que comunidades enteras migraron
desde la costa norte del Perú hacia el sur hace al menos 800 años, desafiando
las teorías históricas sobre la movilidad de las sociedades preincaicas.
La investigación, difundida por DW y
publicada en la revista científica Nature Communications, encontró
evidencias de desplazamientos humanos de más de 700 kilómetros hasta el
actual Valle de Chincha, en la región Ica.
Los hallazgos no solo revelan el alcance de estas migraciones, sino también
cómo estas poblaciones conservaron durante generaciones sus tradiciones
culturales pese a mezclarse con otros grupos de la costa peruana.
Migraciones preincaicas cambiaron la historia de la costa
peruana
El estudio fue liderado por especialistas de la Universidad
de Sídney, en Australia, quienes analizaron restos óseos de 21 individuos
hallados en antiguos cementerios del Valle de Chincha.
Gracias al uso de técnicas de datación por radiocarbono y
análisis genómicos, los investigadores concluyeron que los migrantes llegaron
desde la costa norte peruana alrededor del siglo XIII, es decir, mucho antes de
la expansión incaica.
Los resultados muestran que las antiguas sociedades costeras
mantenían conexiones sociales y comerciales mucho más amplias de lo que se
creía. Según explicó el arqueólogo Jacob Bongers, coautor principal del
estudio, estas comunidades “mantuvieron tradiciones culturales distintivas
durante siglos”, incluso después de establecer relaciones con poblaciones
vecinas.
Entre las prácticas identificadas por los especialistas
destacan la modificación craneal, una técnica aplicada desde la
infancia mediante tablillas y vendajes para alterar la forma de la cabeza, así
como la costumbre de pintar los cráneos de los fallecidos con pigmento rojo.
Ambas tradiciones eran comunes en la costa norte peruana y fueron trasladadas
hacia el sur por los grupos migrantes.
Los investigadores también encontraron evidencia de
continuidad poblacional durante al menos 200 años. Todos los individuos
estudiados presentaban algún nivel de ascendencia proveniente del norte del
Perú, lo que sugiere que las familias migrantes lograron mantener su identidad
cultural durante generaciones.
Otro aspecto que llamó la atención de los especialistas fue
la compleja red de relaciones que existía entre distintas comunidades de la
costa peruana. Las pruebas genéticas muestran mezclas entre poblaciones del
norte, centro y sur del país en generaciones posteriores, lo que evidencia una
interacción constante entre diversos grupos humanos antes de la llegada de los
incas.
Familias, matrimonios y ayllus: así se organizaban las
comunidades antiguas
El análisis de ADN también
permitió reconstruir vínculos familiares dentro de los entierros encontrados en
Chincha. Uno de los descubrimientos más relevantes fue un osario familiar donde
se identificó la presencia de parientes cercanos, además de evidencia de endogamia,
es decir, uniones entre miembros de una misma familia o grupo de parentesco.
Para los investigadores, estas prácticas reflejan la
importancia que tenía la familia dentro de las antiguas sociedades andinas.
Jordan Dalton, coautora principal del estudio e investigadora de la Universidad
Estatal de Nueva York en Oswego, explicó que las relaciones biológicas
encontradas sugieren la existencia de ayllus o parcialidades, sistemas
tradicionales basados en el parentesco y el control compartido de recursos y
territorios.
De acuerdo con los especialistas, las uniones entre
familiares pudieron responder a estrategias sociales destinadas a conservar el
poder y los recursos dentro del grupo. Este modelo de organización habría
permitido fortalecer la cohesión interna de las comunidades en un contexto
marcado por movimientos poblacionales y cambios políticos en toda la costa
peruana.
Las excavaciones arqueológicas en el Valle de Chincha
también recuperaron textiles, figurillas y otros objetos funerarios que
respaldan la continuidad de las tradiciones culturales del norte peruano. Estos
elementos ayudan a comprender cómo las comunidades migrantes lograron preservar
sus costumbres pese a establecerse a cientos de kilómetros de su lugar de
origen.
Las imágenes aéreas de antiguos cementerios y los hallazgos
bioarqueológicos muestran además la magnitud de los asentamientos humanos en
esta zona de Ica, considerada hoy uno de los puntos clave para entender la
historia prehispánica del Perú.
Aunque el estudio confirma que estas migraciones ocurrieron
siglos antes del auge del Imperio Inca, las razones exactas que impulsaron el
desplazamiento masivo de personas todavía no están claras. Los investigadores
sostienen que el movimiento coincidió con importantes transformaciones
políticas y sociales a lo largo de la costa peruana, aunque aún no existen
pruebas definitivas sobre qué motivó estas travesías de larga distancia.
El hallazgo abre nuevas preguntas sobre el nivel de
organización, movilidad e intercambio cultural que existía en el Perú
preincaico. Además, evidencia que las sociedades antiguas del territorio
peruano mantenían conexiones mucho más dinámicas y extensas de lo que
históricamente se había planteado.



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