Curiosas esferas oculares

Pese a que las leyes peruanas lo prohibían, otros ingleses también hacían excavaciones.

Por: Carlos Arrizabalaga – 01/06/2024

Lingüista. Profesor de la Facultad de Humanidades. Universidad de Piura

En la historia de la arqueología peruana a veces hay noticias extravagantes. El profesor Octavio Lagos-Flores, del Archivo Histórico Municipal de Arica, refiere en un detallado artículo sobre el comercio de antigüedades en Arica, durante el periodo republicano peruano (1824-1880), que se hallaban curiosas esferas oculares, que parecían ojos fosilizados. Los anglosajones se los llevaron por docenas. Un detonante para el saqueo de las momias que los arenales habían preservado durante siglos había sido la construcción del ferrocarril.

En 1852, el ingeniero estadounidense Walton White Evans, encargado de la construcción de la vía ferroviaria de Arica a Tacna, que todavía se mantiene en uso, excavó varias tumbas, producto de los trabajos en la vía férrea cerca al morro de Arica. En noviembre de 1856, R. N. Rising, un marino inglés del H. M. S. Tribune, reporta haberse reunido con un inglés en el puerto, quien le habría mostrado algunos “ojos petrificados”, y, que él mismo tuvo oportunidad de extraer varias momias con esos ojos en sus cuencas.

Pese a que las leyes peruanas lo prohibían expresamente, otros ingleses también hacían excavaciones, a modo de deporte, en busca de esos objetos semiesféricos. Tal es el caso del reverendo inglés Abraham Hume, quien visitó Arica y Tacna en 1868, comisionado por su congregación protestante para hacer un trabajo pastoral entre los muchos anglosajones que residían en el sur peruano. El vicecónsul William Billinghurst señala haber encontrado estos objetos al interior de pequeñas bolsas. Los buscaban para venderlos como souvenirs, presumiblemente, a viajeros, sospecha ahora Lagos-Flores (2022). Y no le falta razón.

El italoamericano Peter Bacigalupi, dueño del periódico Perú Ilustrado y conocido empresario de la calle Mercaderes, en Lima, había traído los primeros teléfonos a esta ciudad y vendía cientos de máquinas de coser; pero también en su nutrido establecimiento se podían encontrar, entremezcladas entre los productos comerciales, muchas curiosidades peruanas, “desde momias hasta ceramios e ídolos antiquísimos”.

La prensa de Estados Unidos recoge algunos testimonios de este comercio. El 18 de junio de 1887, el diario de Sacramento Daily Record-Union detalla que el señor C. T. Ward había retornado luego de residir unos años en Chile y que entre las curiosidades que había traído de Sudamérica estaban “los ojos de un inca peruano”, declara el diario, remitiendo a la noticia del San Francisco Call. Tenían la forma de bolas de cera con un color dorado brillante y translúcido, como si estuvieran hechos de un cristal coloreado. Refiere que una señora peruana tenía una colección de treinta o más y que los había llevado de adorno en un baile en París. Todo era un misterio y sospechaban que tal vez el oro podría ser uno de los materiales usados en su elaboración. Así aumentaban su valor.

“Nuestros peones excavaron cinco pies de profundidad en varios lugares y desenterraron media docena de momias en buenas condiciones, dos de las cuales las envié luego por barco a los Estados Unidos con sus fardos intactos”, dice Fannie B. Ward, en su reporte “Mummy Hunting” en Evening Star, Washington D. C., sábado 28 de marzo de 1891, p. 11.

Los objetos más curiosos que encontraron ese día no fueron “los anillos de oro labrado todavía colocados en los huesos de los dedos o los ceramios con diseños encantadores o los husos de hilar todavía con lana justo tal y como quedó la labor del tejido hace algunos cientos de años”; lo que más les llamó la atención fueron, precisamente, “las esferas oculares petrificadas”. La reportera sugiere, finalmente: “Nunca fueron ojos humanos, sino ojos de calamar, con los que remplazaban los del sujeto momificado, por ser aquellos más duraderos”.

“Pero eso no los hace menos curiosos y realmente son objetos hermosos”, expresa con cierto entusiasmo Fannie Ward. Los describe planos en un lado y redondos y suaves en el otro, brillantes y de un amarillo ámbar, luminosos como el ópalo y de tamaños variados, que van desde la punta de un dedo meñique hasta el tamaño del pulgar de un adulto. “Podrían lucir estupendamente como adorno para broches o gemelos, porque son durables como cualquier joya. Mas todo el mundo recuerda el suceso que dio a conocer la prensa hace unos pocos años. Fue que la joyería Tiffany de Nueva York recibió cierto número de estas bolas oculares momificadas para confeccionar con ellas un collar para cierta bella dama y ocurrió que dos o tres de los empleados encargados de pulirlas antes de terminar su labor, y así se descubrió que su repentina desaparición se debió al fino polvo tóxico que se desprendía de estos vestigios mortuorios.”

El oficial de la marina inglesa Rising escribió sus indagaciones sobre estos objetos esféricos en una importante revista de la sociedad de Etnología de Londres, en 1866. En Arica, excavaron durante décadas cientos de trotamundos sobre todo ingleses y franceses, pero también algunos norteamericanos, como deporte o diversión. Para Lagos-Flores (2022), este afán imperialista estaba muy afectado por la egiptomanía de la época y se trataba de entender “cómo pudieron desarrollarse las complejas civilizaciones americanas lejos de la cuna de la civilización occidental”.

María Patricia Ordóñez (2019) ha identificado 237 momias andinas en 18 museos de Europa, la mayoría sin indicación clara de su procedencia o de las circunstancias en que se obtuvieron. No sabemos bien cuántas momias se llevaron a Estados Unidos, además de las dos que remitió afanosamente la señora Ward. Cuando falleció, en octubre de 1913, la casa de su hija en East Summit Street (Kent) seguía repleta de “curiosidades obtenidas en tierras lejanas”.

Fonte: Curiosas esferas oculares (elperuano.pe)

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