domingo, 17 de abril de 2011

EL SENTIDO ASTRONÓMICO DE CAÑADA DE LA VIRGEN

Por Marlen González
marlen.2887@gmail.com

Como la metáfora de las semillas que entran en la tierra, de la misma forma el Sol y la Luna se internan en el “cerro sagrado”; este fenómeno ocurría a principios de marzo y marcaba el periodo adecuado para que los antiguos otomíes-hñahñu comenzaran a seleccionar y sembrar el grano.

Para mostrar este evento con todo su esplendor estos grupos agrícolas planearon su ciudad con una orientación singular, determinada por el movimiento de los cuerpos celestes; por ello en el tercer mes del año, aún en la actualidad, es posible visualizar cómo ambos astros ingresan a la Casa de los Trece Cielos (antiguamente concebido el “cerro sagrado”), el complejo más importante de la Zona Arqueológica Cañada de la Virgen.

Ubicada en el municipio de San Miguel de Allende, Guanajuato, esta urbe prehispánica destaca por su sentido astronómico, que rigió la supervivencia y organización social de sus habitantes; sus templos son testimonio de la sublime atracción de esta civilización por voltear a ver el cielo con el afán de encontrar sentido a los fenómenos de la vida cotidiana.

Luego de emprender una compleja investigación de más de siete años y tras mirar el cielo en incontables ocasiones en el sitio precolombino recientemente abierto al público, la arqueóloga Rossana Quiroz Ennis y un grupo de investigadores del INAH muestran la importancia que esta comunidad le atribuyó al movimiento de los astros y a la tarea de contar el tiempo.

Un recorrido por el sitio
La historia oral nos cuenta que una pareja caminaba por las cañadas del sur cuando encontró una piedra redonda conocida como geoda; las costras que cubren las geodas son muy resistentes, pero al azotarlas contra el suelo pueden quebrarse para mostrar el corazón interno de burbujas de cuarzo que se hallan fundidas dentro de la piedra. La pareja que abrió este pequeño pedazo del mundo encontró en su interior no sólo el cuarzo, si no también la imagen de la virgen, fue así como la cañada recibió su nombre (El cerro y el cielo, capítulo I).

Los antiguos otomíes-hñahñu escogieron este lugar por los múltiples beneficios que les ofrecía el ambiente, primero la cañada, una gran muralla natural que protegió a la ciudad, además de un estanque de agua que no sólo abasteció de este vital líquido a la comunidad sino que le dio belleza al escenario natural integrado por un bosque de pino y encino donde convivían patos, venados y armadillos, entre otras especies animales.

Así mismo, fue un espacio donde florecieron peculiares especies de plantas utilizadas como alimento, medicina, materiales de construcción, y en rituales y ceremonias, cuyo uso se remonta a la época prehispánica y perdura hasta nuestros días; sin embargo, el universo botánico actual de este lugar es sólo una pequeña representación de lo que existió en el momento de su edificación.

Desde el pasado 15 de febrero se puede visitar Cañada de la Virgen, sitio en el que impera un clima seco-cálido y se hallan cinco conjuntos arquitectónicos de gran belleza.

El recorrido comienza en la calzada ceremonial de casi un kilómetro de longitud, que parte de la cañada La Caja y culmina en la entrada a la zona arqueológica. Continuando por este sendero el visitante llega a la Casa de los Trece Cielos o Complejo A, edificación con un patio hundido —elemento arquitectónico característico de algunos sitios arqueológicos de Guanajuato, considerado centro vital de culto religioso— rodeado por tres plataformas con restos habitacionales y una pirámide de más de 15 metros de altura, en cuya cúspide se encuentra el Templo Rojo, decorado con pintura mural.

Otro de los sitios a contemplar es el Jardín de Arbustivas Nativas, testimonio de la utilización de los recursos naturales que tenía la población de Cañada de la Virgen; fue construido dentro de un área de 4,900 metros cuadrados, donde se plantaron alrededor de 365 especies escasas en la actualidad como: Palo dulce, Mezquite, Vara dulce, Palo Santo, Tepame y Encino, entre otras.

Cerca de este peculiar edén se encuentra El Estanque, obra hidráulica prehispánica que sirvió para almacenar agua y aportó humedad a la vegetación nativa.

La Casa del Viento es una estructura circular de 22 metros de diámetro por 2.5 metros de altura que por su diseño se piensa fue un adoratorio de Ehécatl, dios del viento.

Finalmente la Casa de la Noche más Larga (Complejo B), su nombre se debe a su ubicación en el contexto ceremonial, que sugiere una relación con el Solsticio de Invierno del 21 de diciembre, cuando el Sol se encuentra en su mayor desplazamiento hacia el sur y ocurre la noche más larga del año.

Orientación especial
De acuerdo con la arqueóloga, en la mayor parte de los sitios prehispánicos excavados en México —como Teotihuacan y Tula— los basamentos se encuentran colocados hacia el oriente, por ello el Sol emerge detrás de la pirámide.

En el caso de Cañada de la Virgen los edificios están orientados hacia el poniente, un patrón poco común en Mesoamérica, lo que propicia que el Sol aparezca por enfrente; este evento se observa con mayor claridad en la Casa de los Trece Cielos, donde el astro pasa por su pórtico y hace parecer que se interna en ella. Esto tiene que ver simbólicamente con el paisaje del inframundo y de la noche, así como el aspecto lunar.

Por tal razón la investigación de esta zona arqueológica guanajuatense no sólo le ha dado importancia al movimiento del astro solar, si no también de la Luna, que regía actividades como la caza y la recolecta, comentó Quiroz Ennis.

Este satélite es fascinante porque todo el tiempo está cambiando desde los 29.53 días que dura su ciclo de luna nueva a luna llena, y su ciclo máximo que tiene una duración de 18.6 años, y no sólo 365 días como el Sol, explicó.

En dicho ciclo lunar también conocido como Saros (repetición), la Luna alcanza lo que los astrónomos llaman “Detención Mayor”, esto es que este astro se detiene, frena, entra en pausa, jamás se le podrá ver más allá de esta posición al sur del horizonte. Se refiere además a las declinaciones máximas y mínimas de la orbita lunar, es cuando este astro se encuentra en sus extremos máximos, llamados “lunisticios” (El cerro y el cielo, capítulo V).

La importancia de estudiar este satélite tan cambiante, fugaz y difícil de atrapar, es porque si no conoces el ciclo de la Luna no puedes predecir los eclipses, los cuales eran momentos muy importantes en la cosmovisión mesoamericana puesto que eran instantes en los que el equilibrio se perdía, en la cultura otomí un eclipse significaba que el Sol se comió o mató a la Luna, o viceversa.

Son momentos de cuidado, pero curiosamente en algunos códices, como el Huichapan, los eclipses se asocian con el nombramiento de un nuevo jerarca dentro de la comunidad.

Momentos marcados por los astros
Los constructores de Cañada de la Virgen planearon que el eje de simetría de la Casa de los Trece Cielos fuera de 80 grados, lo que propicia que cada 25 de agosto, el Sol se alinee con el pórtico de dicha estructura.

De acuerdo con el investigador Francisco Granados, quien trabajó en el calendario de horizonte del sitio —que consiste en observar el movimiento del Sol tomando los picos y extremos de las montañas como marcadores solares—, encontró que dicha fecha corresponde a una festividad importante en la región del Bajío, en la que se les ofrecía a los gobernantes las mejores cosechas del año.

Otra de las fechas destacadas es el 4 de marzo, día en el que, según fray Toribio de Benavente o Motolinía, inicia el calendario mesoamericano; el Sol y la Luna se internan en la Casa de los Trece Cielos, representando a las semillas que entran en la tierra, evento que marca el inicio del ciclo consecuente de la siembra, desde el desgrane de la mazorca, el abono de la tierra, el tiempo de lluvias y la cosecha, entre otros periodos que se realizaban cada veinte días, año con año.

Con el estudio arqueoastronómico de Cañada de la Virgen, dijo, se está recuperando el conocimiento que durante siglos se había perdido. En los dos últimos años se ha estudiado el planeta Venus, la constelación de la Osa Mayor, que gira alrededor de La Casa de los Trece Cielos, vista desde el Complejo B; además de la posición de la constelación de la Cruz del Sur, que curiosamente aparece el día de la Santa Cruz (3 de mayo) posicionada en el centro del patio hundido del Complejo A, justo donde se descubrieron unos entierros.

“Los espacios arquitectónicos y el movimiento de los astros tienen relación con la tarea de contar el tiempo, con los momentos propicios para la siembra, la caza y la recolección; la hora a la que van a florecer las cactáceas, que va a caer la lluvia y muchas otras cuestiones de la vida cotidiana”, explicó la arqueóloga.

Probablemente Cañada de la Virgen era un lugar de entrenamiento para contar el tiempo, dicho conocimiento era tan preciso que probablemente la corrección española del calendario juliano al gregoriano en 1582, que tenía entonces 10 días astronómicos de error, se debiera al conocimiento recogido por los conquistadores a través de Mesoamérica.

Fonte: http://www.inah.mx/index.php/especiales/4955-el-sentido-astronomico-de-canada-de-la-virgen (01/04/2011)

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