quarta-feira, 13 de abril de 2011

La arqueología ya no se hace sólo con pala y pico

En el siglo XXI los arqueólogos deben usar tecnología de punta para realizar excavaciones y estudios en yacimientos. Robots, georradares y el láser son lo último en herramientas

Abida Ventura | El Universal

TERCERA DIMENSIÓN. Imagen de Teotihuacan obtenida a partir del equipo de escáner láser, que con la 3D proporciona información adicional y permite manipular datos que no se pueden ver a simple vista (Foto: CORTESÍA DE SERGIO GÓMEZ CHÁVEZ)
abida.ventura@eluniversal.com.mx


Hasta hace algunas décadas, la búsqueda de evidencias sobre la existencia de una sociedad antigua tenía que ser a partir de relatos históricos, el éxito de la investigación arqueológica dependía en gran parte de la autenticidad de esas fuentes históricas. Los arqueólogos debían disponer de tiempo ilimitado para realizar minuciosas excavaciones arqueológicas que abarcaban extensiones enormes, hasta encontrar algo que sustentara su hipótesis. Pero eso ha quedado en el pasado, hoy la arqueología se apoya de la tecnología más avanzada para demostrar sus resultados y para simplificar los trabajos de excavación.

La exploración del túnel bajo la pirámide de la Serpiente Emplumada en la zona arqueológica de Teotihuacan avanza con gran éxito gracias al recorrido previo de Tlaloque I, el primer robot empleado en una investigación arqueológica en México. Mediante imágenes, este carro-robot mostró una estructura segura del suelo, lo cual permitió que los arqueólogos ingresarán en seguida al conducto prehispánico construido hace más de dos mil años por los antiguos teotihuacanos para representar el inframundo.

Diseñado por el ingeniero en robótica Hugo Armando Guerra Calva, del Instituto Politécnico Nacional, el pequeño robot “arqueólogo” equipado con dos cámaras de video, manipuladas a control remoto, con fuente de iluminación propia y transmisión de imágenes a un monitor de computadora en el exterior, constituye un hito en la investigación arqueológica mexicana.

Empleado por primera vez en la historia de la arqueología mexicana, y por segunda vez en el mundo, Tlaloque I es un ejemplo de tecnología de vanguardia aplicada a las investigaciones de las sociedades del pasado.

El arqueólogo Sergio Gómez Chávez, director del proyecto Tlalocan: Camino bajo la tierra, menciona en entrevista que la utilización de este equipo de robótica fue crucial para esta investigación porque les permitió “planear y diseñar las estrategias a seguir para la exploración arqueológica”.

La implementación de este equipo ha llamado la atención de especialistas en el mundo, tanto así que Gómez Chávez y su equipo han recibido una invitación de colaboración con quienes diseñaron el primer robot, utilizado en Egipto hace 10 años: “ahora ellos están desarrollando un robot que pueda perforar la roca y hacer una especie de ultrasonido para ver qué hay adentro”, explica el arqueólogo, para quien la utilización de este tipo de tecnología es “un logro para el desarrollo científico en México”.

Pero además del equipo robótico Gómez Chávez ha utilizado un equipo de georradar, cuyos estudios han sido realizados por el doctor en ciencias espaciales Víctor Manuel Velasco, profesor e investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM.

Del radiocarbono al ADN
Pensado originalmente como un prototipo para la búsqueda de agua en el planeta Marte, el georradar logró determinar que el túnel cerrado hace aproximadamente mil 800 años posee una longitud de 100 a 120 metros, la existencia de varias cámaras en su interior, así como el acceso. Para Velasco Herrera la reconstrucción de la ubicación del túnel mediante imágenes de georradar simplificó la planificación de la excavación, además de que redujo el tiempo y los costos.

Otra de las ventajas del empleo de este equipo, añade, es que se logró conducir la excavación sin riesgo de destruir alguna parte del sitio arqueológico: “con el georradar se puede estudiar las paredes de los edificios y tratar de buscar grietas, en cambio, con otros métodos hay que hacer una perforación y eso en una exploración arqueológica no está permitido. Desde ese punto de vista, el georradar es eficaz porque no destruye restos arqueológicos”.

En la exploración de este túnel milenario, donde se han encontrado diversos objetos prehispánicos, se ha utilizado también sofisticados equipos de escáneres láser para obtener imágenes tridimensionales de la estructura. “Las imágenes en 3D nos dan información adicional y nos permite manipular datos que no se pueden ver a simple vista”, explica Velasco Herrera.

Por su parte, Sergio Gómez Chávez señala que esas imágenes en alta resolución ayudan además a “tener un acercamiento más real para entender o dar a conocer al público cómo eran estos vestigios arqueológicos, la arquitectura, los templos o las casas”.

Así como el equipo del Instituto Nacional de Historia y Antropología, encabezado por Sergio Gómez Chávez, la doctora Linda Manzanilla Naim, investigadora titular del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, se ha apoyado también en los avances tecnológicos y científicos para desarrollar sus proyectos arqueológicos. Desde 1985 y con la colaboración del doctor Luis Barba, fundador y coordinador del Laboratorio de Prospección Arqueológica de ese Instituto, Linda Manzanilla emplea una serie de técnicas de prospección geofísica y geoquímica antes de iniciar la excavación.

Utiliza además métodos de diversas disciplinas: “mi formación como arqueóloga refleja una perspectiva interdisciplinaria de estudio para la arqueología, con la articulación de la arqueología con la biología, la química, la física, la geofísica, la osteología, la genética y múltiples aproximaciones a las sociedades antiguas”, explica.

La técnica con metodología establecida por el profesor Luis Barba, denominada arqueometría, parte de la toma de fotografías aéreas que permiten ver manchas en la vegetación que indican la existencia de muros o patios.

Posteriormente se realiza una especie de radiografía del subsuelo antes de la excavación con el fin de evidenciar qué es lo que está sepultado.

Además, se toman pruebas de tierra para hacer estudios de geoquímica básica de superficie para luego dar paso a “la cirugía precisa”, que es concretamente la excavación arqueológica.

Disciplinas sin frontera
Es por un lado, explica la arqueóloga, la detección del sitio y sus características antes de la excavación; luego la excavación como una cirugía muy precisa para llegar a los restos materiales localizadas en ciertos espacios; en seguida el estudio de las áreas de actividad con respecto a la fauna, la flora, la química que esta asociada a actividades repetidas a un mismo espacio, además de los objetos arqueológicos encontrados.

Destaca en este último paso el estudio de las técnicas de fechamiento que permiten situar en el tiempo la procedencia de los objetos y materias primas encontrados en el sitio.

La conocida técnica de radio carbono, las pruebas de termoluminiscencia, así como el análisis de isótopos de estroncio son algunas técnicas que ayudan a fechar objetos, conocer las dietas, las migraciones o las actividades que se desarrollaron en ese sitio.

Para el doctor, Peter Schaaf, especialista en geoquímica isotópica y en fechamientos por termoluminiscencia, la vanguardia de estos métodos de datación, que ya han sido utilizados desde hace mucho tiempo, consiste en que su aplicación es cada vez más sofisticada y se requiere de menos material para el análisis pero con resultados precisos.

Todas estas técnicas son en suma una metodología que la doctora Linda Manzanilla ha probado con buenos resultados desde sus excavaciones en los años 70, en Cuanalan, estado de México; después en Cobá, Quintana Roo; en Teotihuacan y actualmente en Israel, en un proyecto de arqueología bíblica.

La arqueometría, dice la arqueóloga, se trata de una técnica que refleja el futuro de la arqueología porque “abre los campos de frontera que hacen más científica la labor del arqueólogo.”

Y es que para Linda Manzanilla el futuro de la ciencia está en la interdisciplinariedad de las investigaciones como lo es la arqueometría, que es un campo donde se requiere que los físicos aprendan a ser arqueólogos y los arqueólogos también aprendan a ser químicos y los osteólogos aprendan las implicaciones de los contextos arqueológicos, el ADN y los isótopos.

En eso coincide Sergio Gómez, para quien la arqueología ha dejado de ser una disciplina que sólo hace excavaciones, como mucha gente lo percibe: “ahora, los arqueólogos trabajamos de manera interdisciplinaria con especialistas, como biólogos, químicos o físicos; es muy gratificante trabajar con ellos porque cada uno aporta elementos para la investigación a fin de conocer más sobre las sociedades del pasado”.

Fonte: http://www.eluniversal.com.mx/cultura/65165.html (07/04/2011)

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