terça-feira, 3 de agosto de 2010

Quimbaya – la gente y el oro en el Cauca Medio

Por dos milenios antes de la Conquista, el Cauca Medio estuvo poblado por agricultores y mineros de oro y sal, ceramistas y orfebres. La orfebrería del período Temprano (500 a.C. a 600 d.C.) muestra figuras icónicas de líderes, hombres y mujeres, como símbolos de identidad. Los colores, brillos y las formas de calabazas, ahuyamas, totumas y mujeres aludían a la fertilidad. Se destaca un poporo o recipiente para cal con forma de una mujer de alto rango en actitud ritual.

En el período Tardío (800 a 1600 d.C.) se dieron cambios profundos, hubo gran diversidad cultural y un incremento de población. Se pintaban el cuerpo, usaban ligaduras de cuentas en las extremidades y se insertaban adornos en la nariz y bajo la boca. La orfebrería, que usó mucho el cobre, y la cerámica se tornaron geométricas y esquemáticas. Con sus adornos y pinturas, los caciques parecían hombres-jaguar, hombres-rana y hombres-lagartija. Hacia 1540, por las diferencias de costumbres y lengua, los europeos clasificaron a los indígenas en "provincias": Caramanta, Anserma, Arma, Picara, Carrapa, Quimbaya, Quindo y otras. La mayoría fue aniquilada en la conquista.

Hombres-lagartija y señores felinos – el poder de la transformación en el Período Tardio.

Durante el Período Tardío del Cauca Medio la orfebrería continuó siendo fuente de prestigio para los líderes; sin embargo, las transformaciones que dieron paso a una nueva época mostraron cambios en las funciones, formas y tecnología de los objetos que cumplían este propósito.

Si en el Período Temprano los recipientes y palillos para el consumo de la coca, así como los cascos y las diademas, eran los emblemas más visibles del poder; en épocas tardías cumplieron esta función pectorales circulares, narigueras triangulares y adornos sublabiales de diversos tipos. Las formas de mujeres y de frutos fueron desplazadas por figuras masculinas y de hombre-animal, geométricas y zoomorfas: nuevos símbolos que revelan la aparición de nuevas ideas relacionadas con el cargo de los líderes.

Los pectorales circulares planos sobresalen entre los nuevos emblemas de poder por su gran tamaño y elaboración. En ellos se invirtió una cantidad significativa de metal y trabajo; algunos alcanzan diámetros hasta de 30 centímetros y varios llevan complejos diseños repujados. Un estudio iconográfico de estos diseños mostró que responden a cuatro categorías o patrones básicos: 1. dibujos basados en formas geométricas y de aves esquemáticas, 2. figuras de lagartijas y tal vez otros lagartos, 3. imágenes antropomorfas masculinas estilizadas y 4. figuras humanas con rasgos animales.

Una mirada cuidadosa a estos diseños permite advertir que los tres últimos patrones conforman un continuo de transformaciones. En las figuras de hombre-animal se mezclan elementos de las otras dos categorías: la cabeza, los adornos de orfebrería, el sexo y las tetillas son humanas; mientras el cuerpo, la posición corporal, la cola y los dedos engrosados son de reptiles. De esta combinación de elementos pueden interpretarse estas figuras como representaciones de hombres-lagarto. Algunas de ellas muestran además un par de orejas redondeadas en la parte superior de la cabeza que semejan las de un felino, como si aludieran a mezclas de hombre con más de un animal.

Gracias a la arqueología y la etnología, sabemos que en las sociedades indígenas americanas, desde épocas antiguas, ha existido la creencia en la capacidad de algunos individuos de transformarse en animal y apropiarse así de sus facultades. Particularmente son los chamanes quienes tienen esta capacidad, y son verdaderos especialistas en ella. Las transformaciones en ave, jaguar y murciélago constituyen las transmutaciones más extendidas; así los chamanes consiguen poder volar, vagar ocultos por la selva, ver en la oscuridad, comerse a sus enemigos y observar el mundo al revés. Estas facultades son fuente de gran prestigio y autoridad.

Las representaciones antropozoomorfas en los pectorales, unidas a las descripciones de los caciques del siglo XVI, sugieren que los líderes del período Tardío tenían poderes de transformación. Cuentan las crónicas que los “Señores” y “Caciques” de la región llevaban el cuerpo profusamente pintado y decorado como “gatos”, portaban pieles de animales a la espalda, usaban taparrabos largos como colas y uñas largas como garras. Es probable que estas transmutaciones, como para los chamanes, fueran origen de admiración y respeto entre su comunidad.

Entierros en urnas-útero – uma visión circular de la vida y la muerte.

La incineración del cadáver y el entierro de los restos calcinados en urnas fueron las prácticas funerarias más usadas por las sociedades del Período Temprano del Cauca Medio y parte de Antioquia, entre el 500 a.C. y el 600 de nuestra era. La diversidad en la forma como llevaron a cabo estas prácticas indica la existencia de estructuras sociales elaboradas y de un rico pensamiento simbólico alrededor de la muerte y estructuras sociales elaboradas.

Como urnas para guardar las cenizas de los muertos utilizaron casi siempre vasijas de cerámica, aunque también emplearon en ocasiones pequeños sarcófagos de piedra o recipientes de orfebrería; generalmente eran tapadas con cuencos u otras urnas y de forma esporádica colocadas sobre un soporte. Dentro de las urnas depositaron los restos de uno o varios individuos, a veces de infantes y adultos, y en ocasiones también de animales, al parecer de aves. Estas vasijas eran depositadas en fosas irregulares y poco profundas, entre 50 y 150 cm de hondo, a veces dentro de un nicho excavado en el suelo. En ocasiones sus constructores colocaron lajas de piedra en la parte superior de la fosa para conservar vacía el área alrededor de la urna.

La mayoría de las tumbas de este período se encuentran ubicadas en las terrazas de vivienda, en el interior del área de las casas o en su periferia, o cerca a los sitios de habitación. Con menor frecuencia se han detectado en cimas de colinas y lugares altos. Arqueólogos excavaron un sitio excepcional en el suroeste antioqueño en donde las urnas habían sido enterradas debajo de grandes rocas que se encontraban en los alrededores del espacio usado para vivienda; fue un lugar al que sin duda se le dio un significado especial.

Las urnas presentan una amplia diversidad en cuanto a calidad, formas y decoraciones. En muchos casos utilizaron para este propósito recipientes de uso doméstico, de formas simples y acabado rústico, mientras en otros usaron vasijas elaboradas expresamente para esta función. Entre estas últimas, las más comunes tienen una forma cilíndrica, un poco abultada hacia la base y muchas veces con relieves o protuberancias, que recuerdan frutos de auyamas y calabazos. Otras muestran formas globulares o de animales, como aves semejantes a un paujil, y algunas, las más elaboradas, representan figuras femeninas acurrucadas y con vientres prominentes, que sugieren mujeres dando a luz.

Fonte: www.banrep.gov.co/museo/esp/

Nenhum comentário:

Postar um comentário