quarta-feira, 28 de julho de 2010

Oro ceremonial y palacios de barro

De las pirámides de Túcume a la laberíntica ciudadela de Chan Chan, la Ruta Moche recorre los misterios de este gran imperio preincaico en la costa norte de Perú

JORDI PASTOR

Agentes de seguridad con escopetas recortadas se mezclan entre los visitantes del complejo arqueológico de El Brujo, frente al Pacífico. Viven acuartelados en un recinto todavía amenazado por el expolio furtivo, quedan tesoros por desenterrar. La Ruta Moche, recorrido histórico y arqueológico por la semidesértica costa norte de Perú, recupera el legado de los poderosos imperios Moche y Chimú, que todavía guardan misterios por descifrar en sus fortalezas de barro.

Fardos fúnebres repletos de oro, valiosos relieves policromados en adobe de fino cuño y vestigios de sacrificios humanos en rituales de culto al dios decapitador. Desde las entrañas de las pirámides de Túcume a los pasadizos de la fascinante ciudadela de Chan Chan, el inconfundible rastro de los saqueadores en busca de preciadas huacas para el mercado negro está siempre presente. Los estragos de El Niño sobre estos palacios de barro, también.

Oro ceremonial y escopetas recortadas
"¿Quieren ver el mapa de América del Sur? ¡Vengan a El Brujo!" Régulo Franco, sonriente arqueólogo de este vasto complejo arqueológico cuya planta es un calco del continente suramericano, asegura que el nombre no es baladí. Terreno de magia y mesadas de brujos y curanderos en el Valle de Chicama, a unos 60 kilómetros de la ciudad de Trujillo.

El armisticio entre huaqueros y arqueólogos fue clave para el inicio de la excavación en 1990. Después, años de paciencia y trabajo, y en 2005 el gran hallazgo: una de las tumbas encontradas en Huaca Cao Viejo contenía el fardo funerario de la Señora de Cao, primera gobernante de la América prehispánica.

El velo que cubre su osamenta en el Museo Cao deja entrever una mujer menuda y tatuada. "Con mucho carácter" apostilla Régulo. La Señora de Cao gobernó con mano firme esta tierra mochica en torno al 300 d.C. Su mausoleo, en lo alto de la pirámide, hace honor a su mando: narigueras, coronas y collares de oro, así como varios acompañantes sacrificados.

La plataforma superior estaba reservada a sacerdotes y sacrificados. Cadenas de prisioneros de guerra -representadas en los policromados del patio central- cuya sangre aderezada con anticoagulantes naturales era bebida en ritos de culto a Ai Apaec, dios decapitador. Aquí se localizan los últimos hallazgos en El Brujo: restos originales de los muros que rodeaban la plataforma y una sala aledaña, todavía cerrada al público, con murales bellamente decorados en excelente estado de conservación.



Cerámica 'parlante' en Moche
A las afueras de Trujillo, las Huacas de Moche maravillan en todas sus dimensiones. Desde la mastodóntica Plaza ceremonial de la Huaca de la Luna, con sus largos y bellísimos relieves policromos, hasta la cerámica parlante hallada entre sus entresijos de barro. Piezas que recrean escenas y ritos ceremoniales de los Mochica, pueblo dominante en la costa norte de Perú durante casi mil años.

Este complejo de 60 hectáreas junto al Pacífico fue su gran centro de poder, con las Huacas del Sol y la Luna como residencia de grandes señores y sacerdotes, siempre al abrigo del sagrado Cerro Blanco. Entre ambas, restos de cerámica no ceremonial delatan un centro urbano que albergó a la élite moche.

El interior de la Huaca de la Luna revela al visitante el crecimiento de las pirámides ceremoniales: cada cien años eran íntegramente recubiertas con un nuevo manto (o fase) de adobe. Las franjas superpuestas de coloridos relieves en el Patio ceremonial muestran las diferentes fases de esta evolución constructiva, siempre con el Dios Ai Apaec como protagonista.

Desde el pasado mes de junio el recién inaugurado Museo del Sitio completa la visita. Didáctico, innovador y fiel a la arquitectura tradicional moche, su apuesta por la tecnología audiovisual refuerza una muestra que, además de cerámica parlante, incluye valiosas piezas ornamentales de oro y dos curiosas maquetas de vivos colores realizadas con caña y barro, que recrean una plazuela ceremonial Chimú, cultura heredera de los Moche.

La ciudad de barro
Adobe de finísimo cuño para un laberinto fascinante declarado Patrimonio de la Humanidad. Chan Chan, capital del Imperio Chimú, está ubicada al otro lado de Trujillo y cambió el molde de sus predecesoras mochicas: de voluminosas pirámides a ciudadelas perfectamente amuralladas de menor altura y kilómetros de extensión.

Nik An es la única visitable. Una caótica red de estrechos y largos pasadizos que responde a un sistema de refrigeración natural: propiciaba una corriente de aire entre los corredores que aliviaba las temperaturas propias de esta desértica localización. Se suceden galerías, estancias y patios ceremoniales organizados en torno a una gran plaza. El prodigio arquitectónico de sus tapias, adobe entrelazado que ha resistido en pie casi mil años, era engalanado con balaustradas y bajorrelieves de fino acabado, con motivos geométricos y animales: de la emblemática Chacana (Cruz del sur) a peces, pelícanos y anzumitos, mezcla de lobo de mar y nutria.

El recorrido desemboca en el verdor de un huanchaco o estanque ceremonial de agua subterránea. Un oasis entre adobe que acogía ritos de culto al agua y a la fertilidad. Los pozos de consumo, siempre fuera del área ceremonial, demuestran el domino chimú de las técnicas de canalización. Eran agricultores en un desierto junto al mar.

Tumbas de grandes dimensiones en el último patio certifican el carácter divino que ostentaban los gobernantes. Los fardos funerarios incluyeron, probablemente, valiosas piezas de oro y plata. Además de agricultores y navegantes, los chimúes fueron los grandes orfebres de la costa norte preincaica. Tan ansiado tesoro nunca se encontró. Chan Chan, arrasada ya por los Incas, fue salvajemente saqueada durante el virreinato. Se creía que bajo el barro estaban las riquezas dignas de la capital del Imperio de Chimor.



Bajo el Cerro Purgatorio
La montaña de barro que se divisa desde la finca Los Horcones esconde un turbulento pasado. Escenas de sacrificios humanos y adoración a los dioses en tierra de chamanes, hoy todavía respetados. En torno al sagrado Cerro Purgatorio, Túcume, a 33 kilómetros de Chiclayo, fue epicentro urbano de la cultura Sicán, que se remonta al año 700 de nuestra era. Una gigantesca extensión de 221 hectáreas y una veintena de pirámides de barro.

El proyecto arqueológico ha ido desenterrando palacios y templos desde 1989, tan rápido como lo permitió el presupuesto. Suele escasear, pero los tesoros de los señores de Túcume (joyería, cerámica ceremonial, ostentosas vestimentas) terminaron por emerger. También los admirables bajorrelieves ceremoniales de la Huaca de Las Balsas (en apenas siete meses de excavación) y la construcción en adobe más grande del mundo, Huaca Larga, que ronda el kilómetro de longitud.

El complejo presume de su museo, erigido según patrones arquitectónicos y materiales tradicionales: fue premiado en 1994 por el Colegio de Arquitectos de Perú. Pero sobre todo luce su compromiso social, con proyectos que implican a la población local en la conservación del patrimonio natural e histórico. Especialmente con los más pequeños: existe un directorio de niños encargado de idear actividades lúdicas y educativas a un tiempo para los visitantes más jóvenes.

Fonte: http://elviajero.elpais.com/articulo/viajero/Oro/ceremonial/palacios/barro/ (23/07/2010)

Nenhum comentário:

Postar um comentário