sexta-feira, 22 de janeiro de 2010

Efecto de sismos en pirâmides


Los monumentos arqueológicos de Monte Albán ante los desastres naturales.

Además de la posible pérdida de vidas humanas, los terremotos y otros siniestros pueden desencadenar múltiples daños en el patrimonio edificado de un país, símbolos de identidad para sus habitantes. Un caso exitoso sobre este tipo de recuperación es el que narra el libro Los monumentos arqueológicos de Monte Albán ante los desastres naturales: el sismo de 1999.

Editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), la publicación explica a detalle la manera en que se abordó la problemática estructural de estas construcciones de la cultura zapoteca (algunas con más de mil años de antigüedad), tras el sismo de 7.4 grados en la escala de Richter, que sacudió al estado de Oaxaca el 30 de septiembre de 1999.

El libro es resultado de la experiencia de trabajo que se realizó durante el proyecto financiado por el Fondo de Desastres Naturales (Fonden). El grupo interdisciplinario que se conformó a propósito, estableció estrategias claras mediante el uso de una diversidad de criterios con el único fin de realizar un tratamiento adecuado a los monumentos afectados. Tras la experiencia, hoy estas antiguas edificaciones son monitoreadas constantemente con equipo especializado donado por el gobierno japonés.

En general, recordó la doctora Nelly Robles García, directora de la Zona Arqueológica de Monte Albán, “más de 20 construcciones prehispánicas del sitio presentaron deterioros graves. Las cuadrillas de trabajadores se conformaron con alrededor de 200 personas, y el equipo técnico —entre arqueólogos, arquitectos, ingenieros, dibujantes y fotógrafos— sumó a 50 profesionales.

“Se trató de un esfuerzo muy grande, sin precedentes, que hizo posible recuperar las edificaciones en un periodo de un año”, anotó. Esta experiencia es la que se vierte en Los monumentos arqueológicos de Monte Albán ante los desastres naturales: el sismo de 1999, publicación coordinada por la arqueóloga Robles.

Entre los aportes del libro que forma parte de la Colección Científica del INAH, está el relativo a las medidas prevención; en ese sentido, Nelly Robles comentó que existe la idea equivocada de que las edificaciones prehispánicas, dado su volumen monumental, resultan incólumes después de presentarse un temblor u otra catástrofe natural.

“La experiencia con las estructuras afectadas de Monte Albán, así como otras de los sitios de Mitla y Lambityeco que también resultaron dañadas, es que por desgracia son muy vulnerables. Los estragos en estas construcciones eran consecuencia no sólo del movimiento telúrico de 1999, sino de anteriores, se trataba en realidad de una cadena de deterioros.

“Algunas estructuras se vieron colapsadas, hubo muros completos caídos, otros monumentos más —debido a que literalmente se abrió la tierra— quedaron seccionados en dos o tres partes. Esos fueron los casos más dramáticos.

“En otros edificios se observaron grietas muy variadas y unas cuantas columnas se desprendieron de sus bases; asimismo ciertas estructuras no se vinieron abajo, pero presentaron desplazamientos. Es decir, se realizaron tanto labores para restituir la estabilidad estructural de los monumentos, como trabajos muy finos de conservación y de restauración”, explicó la experta del INAH.

Es así como esta edición pretende explicar la metodología que se aplicó en los diferentes frentes de trabajo —mismos que se atendieron de acuerdo con las necesidades particulares de los inmuebles siniestrados— y a su vez la posibilidad de ser empleada en otras zonas arqueológicas que se vean abatidas por algún desastre.

Dentro de su Plan de Manejo, la Zona Arqueológica de Monte Albán lleva a cabo un monitoreo constante de los monumentos, de tal suerte que todos ellos cuentan actualmente con una “historia clínica”. Nelly Robles, también presidenta del Consejo de Arqueología del INAH, explica que este puede dividirse en tres tipos.

“Contamos con un acelerógrafo o sismógrafo, que fue donado por el gobierno japonés. La veintena de edificios que fueron afectados por el terremoto de 1999, son los que están monitoreados constantemente y personal del Instituto de Geofísica de la UNAM colabora en la interpretación de los datos”.

Por otra parte, las variaciones de temperatura y humedad se miden a través de un termohidrógrafo, con el objetivo de dar seguimiento al estado de preservación de la pintura mural de Monte Albán.

La supervisión directa es otro de los frentes de trabajo. Expertos de la zona arqueológica acuden, cada dos o tres meses, a revisar las fisuras de algunas estructuras y colocan sobre ellas testigos de yeso, si éstos se rompen es indicativo de que el edificio presenta movimiento. En su caso, se traza un plan más amplio para estabilizar la construcción.

De esta manera, es como a casi diez años de la atención oportuna del INAH, se ha logrado la consolidación de varias de las estructuras de Monte Albán que fueron dañadas por el seísmo de 1999, de tal suerte que ya no representan un riesgo para sus visitantes.

Este sitio arqueológico de Oaxaca fue inscrito por la UNESCO en la Lista de Patrimonio Mundial el 11 de diciembre de 1987. Fue la antigua capital de los zapotecos, que se desarrolló entre los años 500 a. C. – 800 d. C. Se erigió sobre un conjunto de cerros de los valles de Oaxaca y llegó a tener hasta 35 mil habitantes.

Fonte: México www.inah.gob.mx/ (21/01/2010)

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