domingo, 3 de julho de 2011

La Ventilla, testimonio de la vida urbana en Teotihuacan

Por Laura Cortés

En este antiguo complejo arquitectónico han encontrado vestigios que muestran aspectos poco conocidos de esta civilización, como sus problemas de inseguridad y su sistema de escritura. MILENIO tuvo acceso a este sitio que abrirá al público dentro de algunos años.

Octavio Hoyos LA VENTILLA FUE DESCUBIERTA CASI POR CASUALIDAD, YA QUE SE PENSABA USAR ESE ESPACIO COMO ESTACIONAMIENTO PARA LOS VISITANTES DE LA ZONA ARQUEOLÓGICA.

Ciudad de México • Al suroeste de la Calzada de los Muertos, en Teotihuacan, reposan los vestigios de La Ventilla, considerado por los especialistas como el mejor modelo de barrio de esa civilización del que hasta ahora se tiene conocimiento.

Los hallazgos, descubiertos a lo largo de dos décadas de exploraciones por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), revelan con detalle la estructura social y la organización urbana de los antiguos teotihuacanos que habitaron este complejo arquitectónico desde los años 150 hasta los 650 de nuestra era, cuando ocurrió el colapso de esa sociedad.

Para los especialistas, la relevancia de La Ventilla reside en que permite apreciar, prácticamente en su totalidad, el diseño urbano de esta ciudad prehispánica. El barrio estaba dividido en diferentes áreas, perfectamente trazadas, dos de ellas consideradas zonas habitacionales, otra en donde tenían lugar las actividades de administración y comerciales y una más dedicada a funciones religiosas.

Rubén Cabrera Castro, arqueólogo del INAH y coordinador del proyecto La Ventilla, explica a MILENIO que uno de los hallazgos sobresalientes lo conforman los restos de unas edificaciones, de alrededor de 2 x 3 metros cuadrados, ubicadas en las intersecciones de las calles del barrio, que al impedir el paso funcionaban como casetas de vigilancia.

“Al final de Teotihuacan, justo antes de su caída, sucedieron fuertes conflictos sociales. Había varios grupos religiosos: estaban los servidores de Tláloc, los que adoraban a la Serpiente Emplumada y otros consagrados a deidades secundarias. Estas facciones luchaban para obtener el control de la población”, señala el investigador.
Ese fue el motivo, añade Cabrera, por el cual los teotihuacanos construyeron áreas de control, equivalentes a las casetas de vigilancia actuales, “una especie de garita para evitar el paso de bandos rivales”.


Diseño extraordinario”
La religiosidad teotihuacana también se advierte en los restos de lo que fue un gran plaza, en cuyo centro se erigió un templo principal. “La construcción, en forma de hache, es de un diseño extraordinario. Su piso tiene una ligera inclinación, muy bien pensada, diseñada de tal forma por los arquitectos para evitar inundaciones”, comenta el arqueólogo.

En La Ventilla abundan también los vestigios del arte pictórico prehispánico. Igualmente, en este espacio se localizaron máscaras teotihuacanas, collares de piedras de jade verde, piezas de turquesa y una serie de ofrendas religiosas. Aquí también se han encontrado alrededor de 500 entierros colectivos, el mayor número descubierto hasta la fecha.

Tesoros al público
Ubicada a 600 metros del centro ceremonial de Teotihuacan, La Ventilla fue descubierta casi por casualidad, ya que se pensaba usar ese espacio como estacionamiento para los miles de visitantes de la zona arqueológica.

Las excavaciones iniciaron en 1992 y se interrumpieron durante algunos años. Fue en 2007 que el INAH reanudó la exploración que hasta ahora sólo ha abarcado mil 800 metros cuadrados de un área de 22 kilómetros.

Rubén Cabrera reconoce que aún no se conocen los límites del barrio ni la extensión que ocupó originalmente. Sin embargo, los tesoros que resguarda este sitio dejan ver la grandeza de la civilización teotihuacana.

Aunque no se tiene una fecha definida todavía, el INAH alista las labores de conservación para abrir al público las puertas de este nuevo sitio arqueológico.

“Un lugar sin igual”
“No existe otro lugar como La Ventilla”, dice enfático el arqueólogo Rubén Cabrera, mientras señala la Plaza de los Glifos, un espacio que debe su nombre a una serie de 42 signos localizados en el piso que muestran la iconografía básica de la escritura teotihuacana. Estas representaciones de deidades, entre las que sobresale Tláloc, “son muestra de que en Teotihuacan se conocía la escritura”, señala el investigador.

Los iconografistas trabajan para descifrar su contenido pero, añade, “falta muchísimo por definir. Hasta ahora no hay otro lugar como este donde se muestre el gran avance de los teotihuacanos, su adelanto en el arte de transmitir sus pensamientos a través del lenguaje gráfico”, acota el especialista.

Fonte: http://tampico.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/419fdc3369c49add19f8a4d915ad890a (27/06/2011)

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